CRÍTICA A LAS GUÍAS Y RECOMENDACIONES PARA UN USO NO SEXISTA DE LA LENGUA DESDE LA TEORÍA CRÍTICA FEMINISTA

1. Introducción

No entraremos aquí en la crítica de lo inadecuado de las Guías y Recomendaciones desde el punto de vista lingüístico que abordamos en “Crítica a las Guías y Recomendaciones para un uso no sexista de la lengua desde las Ciencias del lenguaje”. Nos centraremos en el análisis de las premisas y de las consecuencias que tienen las Recomendaciones en el marco del pensamiento feminista.

Las Guías y Recomendaciones marcan como objetivo manifiesto “la igualdad entre los sexos”, “eliminar las desigualdades entre mujeres y varones”, “un lenguaje inclusivo”, etc. Sin embargo, consideramos, que tanto en su percepción del problema del sexismo lingüístico como en las recomendaciones subsiguientes, la idea de igualdad, que no llegan a definir de manera explícita, es confusa y las consecuencias contradictorias.


 

1.1. Posición de las Guías y Recomendaciones

Las Guías y Recomendaciones, a pesar de dirigirse al uso de la lengua, reducen el objeto de estudio del sexismo lingüístico a oraciones aisladas, sin tener en cuenta el resto del texto que las contiene ni los elementos del contexto en el que se usan. En consecuencia, utilizan un instrumento de análisis no pertinente para el uso del lenguaje: la gramática oracional.

Ese reduccionismo del acto comunicativo explica la identificación del género gramatical con el sexo del referente al adjudicar a esta categoría gramatical la causa del sexismo en el lenguaje. Afirman que el género gramatical masculino por su doble valor de marcado (específico) y no marcado (genérico o inclusivo) no es simétrico del género gramatical femenino (específico) y, por lo tanto, es en sí mismo sexista. Esta categoría, dicen, refleja el dominio de lo masculino sobre lo femenino, refuerza la masculinización de la mente y provoca la ocultación, exclusión o invisibilidad de las mujeres. La utilización del género gramatical masculino para referirse a los dos sexos no consigue representar a las mujeres. Es decir, focalizan el uso sexista de la lengua en tres cuestiones: el dominio de lo masculino en el uso del lenguaje, la invisibilidad de las mujeres en los discursos pretendidamente universales y qué pasa con las mujeres que no aparecen como mujeres. Desde este análisis recomiendan evitar el uso del género gramatical masculino para referirse a las mujeres o a los colectivos mixtos, duplicar todo genérico en masculino y femenino y distinguir morfológicamente los apelativos según se refieran a un sexo o a otro y si no hay, inventarlos.

 

1.2. Nuestra posición

Nuestra investigación de las relaciones entre sexismo y lenguaje toma un objeto de estudio más complejo: textos que se producen en un contexto determinado. En consecuencia, los instrumentos de análisis son tanto los que nos proporciona la teoría crítica feminista como aquellos que analizan el uso que del lenguaje hacen los hablantes: la gramática del texto, el análisis del discurso y la pragmática.

Pues bien, hemos constatado que los mecanismos del discurso patriarcal, solapamiento de lo masculino con lo humano (androcentrismo), concepción de la mujer como lo otro y asimetría en la conceptualización de los sexos (Beauvoir, 1987), son los que se ponen en evidencia al analizar el uso sexista del lenguaje.

Este solapamiento de lo masculino con lo humano (Amorós, 2000), es susceptible de diversas interpretaciones. Una de ellas tiene como premisa básica que existe lo genéricamente humano, es decir que existen, o deben existir, zonas neutras en la vida humana en las que la diferencia sexual no tendría que ser considerada pertinente. Otra interpretación vendría de este razonamiento, si los varones han ocupado lo genéricamente humano, su definición se ha visto afectada por su parcialidad, es necesario un distanciamiento crítico que desvele el androcentrismo, la visión del mundo masculina que se presenta como una mirada universal y objetiva que representa la humanidad. Hay otra interpretación: rechazar todo lo que se presenta como universal por entender que es masculino, considerar que la diferencia sexual lo impregna todo y no debe ser trascendida ni conceptual ni prácticamente. Lo que les queda a las mujeres es el reencuentro con su identidad/diferencia femenina. Es la opción del llamado feminismo de la diferencia, que no compartimos en absoluto. Invocamos la universalidad para vindicar derechos y rechazar críticamente el androcentrismo. (Véase “Marco teórico. Teoría Crítica Feminista”).

Con estas herramientas conceptuales entendemos que el problema, frente a la percepción de las Guías y Recomendaciones, no es tanto la ocultación de las mujeres como las formas de emerger en los discursos. Más que en la ausencia, la ideología sexista se pone de manifiesto en las formas de la presencia. Los varones nunca aparecen en tanto que varones, sino en representación de lo humano, mientras que las mujeres son nombradas en tanto mujeres, como género social femenino. El solapamiento entre lo masculino y lo humano toma dos formas: convertir el discurso universal en masculino por exclusión de la mujer de la posición de sujeto y no mostrar en el discurso específico, el que trata de varones, su condición masculina. La exclusión de las mujeres toma la forma de alteridad, más que de invisibilidad, aparecen en los discursos universales pero no en posición de sujeto sino como ‘lo otro’, lo diferente y relativo, y con sobrecarga de identidad sexual en los discursos específicos. (Ver Fenómenos lingüístico sexistas).

Desde esta apreciación y tomando como referente la idea racionalista e ilustrada de igualdad: universalidad, diversidad, equivalencia, individualidad, autonomía/libertad y motor de cambio y transformación. (Véase ‘Marco teórico. Teoría Crítica Feminista’), las formas de evitar el uso sexista del lenguaje serían otras: restaurar la universalidad, impedir la apropiación de lo genéricamente humano por parte de los varones y criticar el androcentrismo, marcar lo masculino como masculino y no como lo neutro, eliminar la hipertrofia de identidad sexuada para las mujeres.

 

2. Consecuencias de las Recomendaciones desde la idea de igualdad.

2.1 El rechazo al uso del género gramatical masculino en su valor de no marcado parece ir en paralelo al rechazo de lo genéricamente humano porque ha sido ocupado y contaminado por el androcentrismo. Pero eliminar las funciones semánticas del género gramatical masculino no marcado (referirse a un concepto, representar la función, nombrar o asignar una clase, aludir a un agente, señalar un rol, mostrar la posición de un individuo en un universo de discurso) sin preocuparse de la necesidad de estos valores en los actos comunicativos, tiene también graves consecuencias:

- Obstaculiza el sujeto abstracto sin adscripciones genéricas, la posibilidad de un discurso universal, neutro en cuanto al sexo. El género gramatical masculino no marcado, por su nivel de abstracción, permite discursos en los que la diferencia sexual no es significativa porque el referente es universal, inclusivo. Nadie puede dudar de la universalidad de los siguientes enunciados en el contexto en el que se realizan y, sin embargo, no se ajustan a las Recomendaciones:  

“Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. (Artículo 14 Constitución Española 1978)

“Un niño, un profesor, un libro y una pluma pueden cambiar al mundo. La educación es la única solución”. (Discurso ante la Asamblea General de la ONU. MalalaYousafzai, 2015)

“Para combatir el antisemitismo no hace falta ser judío, como para luchar contra el racismo no hace falta ser negro. Lamentablemente, a veces parece que para combatir la discriminación de la mujer hace falta ser mujer. Soledad Gallego-Díaz”. (Angela Paloma Martin, “Electoras y elegidas”, El País, 24 sep 2014)

- Refuerza el solapamiento entre lo humano y lo masculino. Si lo que se denunciaba era la confusión entre la clase referencial de varones con la clase universal que producía, en su opinión, el doble valor del género gramatical masculino, lo que se logra al suprimirlo es, en realidad, reforzar este solapamiento, potenciar el referente androcéntrico: ver varones detrás de todas las palabras. Es decir, interiorizar lingüísticamente que todos los nombres en género gramatical masculino sólo hacen referencia a varones, aunque estén siendo usados en su significación universal.

- Dificulta la emergencia de las mujeres en los discursos como individuos en relación a la clase universal o de referencia. Si no aplicamos el género gramatical masculino a las mujeres cuando lo exige la situación de comunicación, las privamos de las funciones semánticas neutras que éste adquiere en su valor de no marcado. A continuación podemos ver cómo la misma noticia se da de forma errónea cuando no se utiliza el género gramatical no marcado:

“La científica Helen Sharman, de 27 años, primera astronauta británica de la historia” (El País, 19 mayo, 1991). “Helen Sharman, una química de 27 años acaba de ser elegida para ser el primer astronauta británico”. (Ricardo Martínez de Rituerto El País, 28 febrero 1991)

“Victòria Anna, la primera niña probeta nacida en España, en el Institut Dexeus de Barcelona, cumplirá 30 años el próximo 12 de julio” (Yolanda Cardo, ABC.es. Sociedad. 08/07/2014). “Victoria Anna (...) el primer bebé probeta de España cumple 30 años” (RTVE, Julio 2014).

“Frida Kahlo (1907-1954) se ha convertido en la más cotizada del arte latinoamericano” (ABC.es, 17/05/2016). “En los mercados internacionales del arte, los trabajos de Kahlo han cotizado más que cualquier otro artista latinoamericano, según Stein”(Walker Simon, Reuters, 23 noviembre, 2016).

2.2 El uso de la duplicación, la presencia explícita y sistemática de los apelativos en género gramatical masculino y femenino, según las Guías y Recomendaciones, tiene como objetivo que el lenguaje sea inclusivo. Pero en la práctica:

- Refuerza la diferencia por razón de sexo en todos los ámbitos, como si siempre fuera relevante. Se sustituye lo genéricamente humano por una especie de suma o complementariedad de perspectivas masculinas y femeninas. Como si la diferencia sexual lo impregnara todo y no pudiera ser trascendida ni conceptual ni prácticamente. El recomendado lenguaje inclusivo queda reducido a postular que las mujeres sean sujetos en tanto que colectivo diferenciado del de los varones, a entender la igualdad enmarcada en la identidad de género y no en la identidad individual al margen del sexo. De este modo se contribuye a pensar que la equivalencia que se pretende es entre las identidades genéricas. Como si, invirtiendo las valoraciones y eliminando las connotaciones estereotipadas, se quisiera mantener los géneros. Pero ¿acaso es posible eliminar el patriarcado existiendo los géneros?

- Induce a pensar que hay dos formas distintas de ser o estar: la masculina y la femenina, dos categorías diferentes y homogéneas internamente. De hecho, así parece entenderlo el colectivo NOMBRA, tan activo en Guías y Recomendaciones: “No es una repetición nombrar en masculino y en femenino cuando se representa a grupos mixtos. No duplicamos el lenguaje por el hecho de decir niños y niñas, padres y madres, puesto que duplicar es hacer una copia igual a otra y este no es el caso. Decir el ciudadano y la ciudadana o la ciudadana y el ciudadano, no es una repetición. Como no es repetir decir amarillo, negro, azul, verde. Cuando decimos los colores nos estamos refiriendo a todos ellos, de la misma manera que cuando decimos la ciudadanía estamos nombrando al conjunto de los hombres y las mujeres. Una palabra no puede significar un algo o un todo que es diferente a lo que se nombra, y mujeres y hombres son diferentes. (...) Lo mismo ocurre con el rojo y el azul, ambos son colores, pero son diferentes y el uno no incluye ni representa al otro” (NOMBRA, 1995).

- Entra en contradicción con otras realidades y sensibilidades. Pensemos en dos de ellas. La centralidad androcéntrica en el lenguaje no solo excluye a las mujeres de la posición de sujeto, también lo hace por razón de etnia, clase, orientación sexual, etc. (Amparo Moreno, 1983). De forma que un homosexual o un gitano (de cualquier sexo), por ejemplo, se ven excluidos en muchos y variados discursos androcéntricos cuyo sujeto universal es varón heterosexual y “blanco”. Por otro lado, vivimos un momento en el que se reivindica y se legisla para que los individuos intersexuales no sean adscritos y registrados como varones o mujeres sino como “inter” o “diversos”. Además del aspecto médico, legal y social, estamos también ante un problema lingüístico: qué género gramatical aplicarles. ¿Hay que crear una marca de género gramatical específica para visibilizarlos?

2.3 Nombrar a las mujeres sistemáticamente con el género gramatical femenino y feminizar todos los apelativos como única forma de darles visibilidad y reconocimiento social en el uso de la lengua, se puede interpretar como la búsqueda de la identidad/diferencia femenina. Por lo que su uso sitemático tiene efectos no deseables:

- Redunda en la sobrecarga de identidad sexual femenina que ya tienen los discursos androcéntricos en los que la condición sexuada suele aparecer como la condición primera y constante de su identidad, frente a su posición profesional o social. Lo siguientes ejemplos nos muestran una grosera redundancia (término en femenino al que se añade la aposición “mujeres”) o ser nombradas como mujeres en vez de por su profesión:

“Las mujeres artistas son artistas todo el año, pero ¿dónde están?” (Bárbara Vidal, Alternativas, 21, marzo, 2016)

“200 años sin mujeres pintoras... hasta hoy. Clara Peeters rompe el tabú del Prado” (Prado Campos, EL confidencial, 24, 10, 2016)

“Diez mujeres clave de la historia de la filosofía (que tal vez no conozcas)” (Sara Calvo, Público, 15, 3, 2017)

“Las féminas del Club Atletisme l’Alcúdia se cuelgan la plata en el estatal de Elda” (CS. Levante, 22, marzo, 2017)

“Paloma Gómez Borrero, la mujer que contó el Vaticano en la ‘tele’” (El País, 25, marzo 2017).

Pues bien, si el problema no está en la ocultación de las mujeres en tanto que mujeres, sino en la sobrecarga de identidad sexual ¿no sería más igualitario utilizar el género gramatical masculino no marcado y si hay dudas de que se entienda como genérico añadir que incluye a mujeres y varones? Por ejemplo: ‘Los deportistas (mujeres y varones) necesitan mayor ingesta de calcio en la dieta’.

¿No sería más igualitario potenciar la tendencia lingüística de comunizar, de adoptar una forma única --cuando es pertinente-- para los apelativos de persona, frente a la recomendación de feminizarlos cuando morfológicamente no es pertinente? (Ver “Crítica a las Guías y Recomendaciones para un uso no sexista de la lengua desde las Ciencias del lenguaje). Es decir, ocupar el significado de las palabras, no crear nuevos significantes como hacen las Guías y Recomendaciones. Por ejemplo:

“Las jueces del Supremo de EE UU unen sus voces contra la última sentencia. Ginsburg, Kagan y Sotomayor han formado una sólida coalición en los casos más relevantes” (Cristina F. Pereda, El País, 6 JUL 2014)

“La presidente del W20: ‘Está probado que si las mujeres trabajan en igualdad que el hombre, el PBI del mundo puede aumentar un 7%’” (Fernanda Kobelinsky, Infobae, 19 de Enero de 2018)

“La última foto de la soldado Clayton. Asignada al batallón de fotógrafos de combate, murió al estallar un mortero durante unos entrenamientos en Afganistán y captó la explosión” (El País, 4 mayo, 2017)

- Obvia la necesidad de hacer el específico masculino, marcar semánticamente el género gramatical masculino cuando un texto se refiere sólo a varones, para impedir el solapamiento entre la clase referencial de varones y la clase universal. Porque el género gramatical masculino, si no hay correferencia contextual, no basta para nombrar varones, hay que limitar la clase referencial con la aposición ‘varón/varones’ o ‘masculino’. Ponerles en su lugar, en su condición masculina.

Ejemplos de falta de específico masculino:

“Por todo eso, es uno de los principales destinos de turismo sexual del mundo y a él acuden cada año hordas de personas atraídas por su amplia red de mujeres en prostitución y sus más de 1.500 burdeles, según estimaciones de la Policía”. El Mundo, 13/10/2016, Irene Hdez. Velasco. España, destino de turismo sexual

“El tenis español cierra su peor año desde 1995. El declinar de una soberbia generación provoca un futuro inquietante. Lo normal es que los resultados no mejoren en 2017" (Javier Martínez, El Mundo, 9 de noviembre de 2016)

"El servicio militar es inútil y desagradable, según una encuesta oficial. Defensa admite que sólo el 15% de los jóvenes está a favor de la mili" (El País, 30 de Julio de 1991)

“Una fiesta benéfica de financieros en Londres era una tapadera para abusar de las azafatas” (Pablo Guimón, El País, 26, enero, 2018).

Ejemplos que sí que lo hacen:

“Las investigaciones sobre la construcción social de la identidad han mostrado que los varones son socializados para "ejercer" la competencia, la violencia y el riesgo (y la dominación sobre las mujeres). Muchísimos jóvenes varones se "entrenan" en esos valores, creyendo que así lograrán ser "hombres de verdad", y esto es así en todos los sectores sociales” (Luis Bonino, El País, 8 diciembre, 1998)

“El perfil del cliente masculino de la prostitución en España es sensiblemente más joven que hace 10 años”(María Antonia Sánchez-Vallejo, El País,15 enero, 2008)

"La mayoría de jóvenes varones españoles tienen una mala opinión del servicio militar" (M. González, El País, 30 de Julio de 1990).

“A los irlandeses no les hago gracia, dice Edna O, Bryan, porque soy una mujer audaz y ellos prefieren a sus escritores masculinos” (EPS 10 de diciembre 2016).

“Existe una dialéctica porque empieza a producirse un diálogo explícito entre filosofía y feminismo, si bien desequilibrado, obviamente, a favor de los filósofos varones quienes, pese a ser fervorosamente estudiados por las teóricas feministas, muy rara vez se dignan a ser sus interlocutores.” (Celia Amorós, editora, Feminismo y Filosofía, Editorial Síntesis, 2000)

- No permite visibilizar a las mujeres en pie de igualdad. El uso sistemático del género gramatical femenino para hablar de la mujer, restringe el sentido de lo que se dice al ámbito del colectivo de mujeres. Lo que da lugar a errores en la información y a una depreciación de la mujer como representación del espacio común de lo humano. ¿Cómo podría darse la siguiente información sin aplicar el género gramatical masculino no marcado a las mujeres?:

"Silvia Munt fue quien me descubrió (dice F. Trueba) en 'Sal gorda' lo que era dirigir a un actor, antes sólo los manipulaba." (Diego Muñoz, El País, 18 de diciembre de 1990)

Ana María Matute es “parte de una clase de autores privilegiados que pueden escribir sobre lo inexplicable y lo invisible”. (Ángeles González Sinde, El País 28 de Abril 2011)

“Lilí Álvarez y Manolo Santana son los dos españoles que abrieron camino a una generación venidera de éxitos”. (Oscar Furones, Wimbledon 2017, Euroesport, 30/06/2017)

“Un escritor que más allá de ocuparse hasta el insomnio por el lenguaje y la literatura le habla a sus lectores, en este mundo de apariencias, distancias y soberbia, es un escritor valiente. Rosa Montero lo es. Y se merece este premio y muchos otros”. (Claudia Piñeiro, El País, 14 Nov 2017)


 

Ver Bibliografía

 
 
 
 
 
 

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