TEORÍA CRÍTICA FEMINISTA

1.Sistema de género – sexo / Patriarcado / Feminismo.

En las ciencias humanas y sociales se llama sistema de género-sexo a la organización social que utiliza las diferencias sexuales para realizar una determinada distribución de los papeles y posiciones sociales. En base a la diferencia sexual (biología) se construyen las diferencias de género (socio-culturales). Es un sistema universal, es decir, se repite en todas las sociedades. Sin embargo, no es universal la forma y el contenido de las relaciones sexo-género.

En nuestra sociedad Occidental no se reconocen (o no se han reconocido hasta ahora) más que dos sexos: hembras y machos. En medicina suelen denominarse estados intersexuales a aquellos en los que se produce una alteración en los cromosomas sexuales o cuando no hay coincidencia entre los tres componentes biológicos: cromosómico, gonadal y hormonal. Los estados intersexuales pueden hacerse visibles en el nacimiento, lo que se llama ambigüedad genital o, posteriormente, en la pubertad. En estos casos se suele ubicar a estos individuos en uno de los dos sexos.

El término género social hace referencia al conjunto de rasgos (estereotipo) y comportamientos (roles) que socialmente se atribuyen a cada uno de los sexos biológicos. Los géneros sociales no son fruto de una determinación biológica, no son naturales, sino socioculturales. Son la construcción social de la diferencia sexual. A través del proceso de socialización que es diferencial según el sexo, la acción de la sociedad convierte al individuo no solo en miembro de la comunidad cultural en la que ha nacido sino en miembro de uno de los géneros sociales, de acuerdo con los modelos de feminidad y masculinidad vigentes en cada cultura.

En nuestra sociedad Occidental no se reconocen (o no se han reconocido hasta ahora) más que dos géneros, masculino y femenino en correspondencia a los dos sexos. En otras culturas, sin embargo, aparecen más de dos géneros sociales, un tercer género diferente del masculino y femenino que corresponde a los individuos intersexuales. Y no siempre hay coincidencia entre el sexo biológico y el género social correspondiente, machos y hembras pueden intercambiar sus posiciones sociales. Y tampoco son iguales los rasgos y comportamientos que en cada cultura y en cada época se definen como propios de uno u otro sexo.

Celia Amorós considera que sistema de género-sexo y patriarcado son sinónimos, ya que un sistema igualitario no produciría la marca de género (cit. Puleo, 1995). A su vez, Amelia Valcárcel define el patriarcado como el sistema de dominación en el cual las mujeres permanecen genéricamente bajo la autoridad, a su vez, genérica de los varones, sistema que dispone de sus propios elementos políticos, económicos, ideológicos y simbólicos de legitimación y cuya permeabilidad escapa a cualquier frontera cultural o de desarrollo económico (Sexo y Filosofía, 1994). El concepto ‘género’ alude a las relaciones de poder entre los sexos en el contexto del patriarcado. No sólo una élite sino el conjunto de los varones, reciben beneficios económicos, sexuales y psicológicos.

El feminismo es un proyecto emancipatorio que radicaliza el programa racional y universalista ilustrado cuya condición a priori es el sujeto humanista librado de adscripciones genéricas (Amorós,1997). Como movimiento reivindicativo proporciona un marco de acciones políticas que no tienen como único objetivo a las mujeres sino la transformación radical del orden patriarcal. El feminismo es una alternativa global al patriarcado que no solo afecta a la vida de las mujeres, también limita y degrada a los varones. Como teoría crítica ha producido --y lo sigue haciendo-- instrumentos de análisis y de investigación que permiten desvelar las estructuras de opresión sexista y las deformaciones conceptuales del discurso patriarcal.

 

2. ¿Cuál es el análisis que la teoría feminista ha realizado del discurso patriarcal?

Beauvoir denunció que el varón no se plantea a sí mismo como una singularidad sexuada, se concibe como humano, como representación de la especie homo; se solapa, así, lo masculino con lo genéricamente humano. La mujer no es concebida por el patriarcado en relación al sexo masculino sino en relación al hombre-varón convertido en lo humano absoluto. Él es lo Uno, la mujer es “lo Otro”. “Él es el Sujeto, es lo Absoluto: ella es Alteridad”.La mujer es un ser relativo, que no es definida por sí misma sino respecto al hombre-varón que es la referencia absoluta. En tanto que lo masculino no se considera marcado por ninguna especificidad ni siquiera de tipo sexual al haberse identificado con lo humano, la mujer es un ser sexuado  porque a él se le aparece como tal, así que lo es de forma absoluta. Es el “sexo”porque eso es esencialmente para él.(El Segundo sexo, 1977). La apropiación de lo Genérico Humano por parte de los varones y la exclusión de las mujeres, en tanto que sujetos, de los discursos con pretensión universal determina, a su vez, la conceptualización discriminatoria y jerárquica de los géneros sociales masculino y femenino.

Según Amorós (Feminismo y filosofía, 2000), el solapamiento de lo masculino con lo humano es susceptible de diversas interpretaciones. Una de ellas tiene como premisa básica que existe lo genéricamente humano, es decir que existen, o deben existir, zonas neutras en la vida humana en las que la diferencia sexual no tendría que ser considerada pertinente. Y que lo genéricamente humano no es intrínsecamente masculino, sino como su nombre indica, genéricamente humano. Es esta la lógica de la vindicación feminista crítica de las abstracciones ilustradas por su incoherencia, ya que se formulan en términos universales y se aplican en términos restrictivos, excluyendo a las mujeres. Otra interpretación vendría de este razonamiento, si los varones han ocupado la Genericidad, la definición de lo genéricamente humano se ha visto afectada por su parcialidad, es necesario un distanciamiento crítico que desvele el androcentrismo, la visión del mundo masculina que se presenta como una mirada universal y objetiva que representa la humanidad. Vindicación y crítica no son opuestas sino complementarias. Hay otra interpretación: rechazar todo lo que se presenta como universal por entender que es masculino, considerar que la diferencia sexual lo impregna todo y no debe ser trascendida ni conceptual ni prácticamente. Esta última interpretación desactiva la vindicación y bloquea la crítica al androcentrismo. Lo que les queda a las mujeres es el reencuentro con su identidad/diferencia femenina. Es la opción del llamado feminismo de la diferencia.

 

3. Nuestra posición. Concepto de igualdad.

El feminismo de la igualdad del que partimos es contrario a esta última interpretación. Nuestro referente es la idea racionalista e ilustrada de igualdad, que podemos conceptualizar del modo siguiente:

- La exigencia de igualdad deriva de la idea de universalidad. El feminismo de la igualdad radicaliza la premisa de universalidad ilustrada para volver contra ella sus propias incoherencias. Denuncia la exclusión de las mujeres de la condición de sujeto político de derechos virtualmente aplicables a la especie como un todo (potencial universal) y que se aplican con restricciones a las mujeres. No rechaza lo genéricamente humano porque ha sido ocupado y contaminado por el androcentrismo sino que invoca la universalidad para denunciar la falsa neutralidad del discurso patriarcal y señalar su parcialidad en tanto que visión masculina, a la vez que reclama un sujeto humano sin adscripciones genéricas. No entiende el conocimiento sin género como una yuxtaposición o complementariedad de perspectivas masculinas y femeninas. Lo que reclama desde el seno mismo del conocimiento es que este sea un proyecto humano, sin exclusiones, una visión inclusiva de la experiencia humana en su totalidad, un discurso universal, neutro en cuanto al sexo.

- La igualdad opera en el reconocimiento de la diversidad. La diferencia es un hecho la igualdad se construye como una relación recíproca entre sujetos que se reconocen mutuamente como iguales prescindiendo de sus diferencias particulares. El feminismo de la igualdad rechaza los géneros sociales que se construyen sobre la diferencia sexual para sostener las jerarquías, privilegios y desigualdades patriarcales. No hay identidad esencial femenina que recuperar ni masculinidad que reformular. No se trata de mantener los géneros -ni tampoco de multiplicarlos- invirtiendo las valoraciones asimétricas o eliminando las connotaciones estereotipadas. La desigualdad no es solo una cuestión de roles y estereotipos, es un problema de dominio, de estructuras patriarcales. De lo que se trata es de disolver los géneros, deslegitimar el sistema de género-sexo.

- La igualdad es una relación de equivalencia, en el sentido de que todos los sujetos tienen el mismo valor. Igualdad no es identidad sino homologación, ubicación en el mismo rango de sujetos que son diferentes y perfectamente discernibles. Esta es la reivindicación del feminismo de la igualdad, que las mujeres salgan del espacio de las idénticas, en el que es irrelevante la individualidad que queda subsumida bajo las predicaciones que afectan indistintamente a todos los ejemplares del género femenino. Reclama el espacio de los iguales en el que se reconoce y promociona la singularidad de los sujetos. (Celia Amorós, 1987). Por lo tanto, no se trata de dar el mismo valor a los géneros sociales ni proporcionar una especie de ‘igualdad en la diferencia’ de la que ya nos previno Simone de Beauvoir (El segundo sexo, 1977) sino de desactivar la identidades genéricas.

- La igualdad se articula en torno a la individualidad que privilegia el valor intrínseco de la persona en sí y por sí misma y no subordina tal valoración a la de ningún tipo de colectivo al que la persona esté adscrita. El feminismo de la igualdad insiste en formar parte de lo genérico humano mediante el principio de individuación, de igualarse a todos los demás en el derecho a desarrollar un proyecto de vida propio, no enmarcado en la identidad del género social sino en el espacio común de la diversidad humana (Amorós, 1985).  

- La igualdad alude al reconocimiento de la autonomía como capacidad de hacer elecciones y tomar decisiones personales, liberado de imposiciones de una autoridad ajena. La autonomía es el presupuesto de la libertad. El feminismo de la igualdad considera que una sociedad liberada de las jerarquías oprimentes de los géneros sociales propiciaría mejores condiciones para la plena realización autónoma de las prácticas de los sujetos.

- La igualdad actúa como principio problematizador, como motor de transformación de la realidad social. En el feminismo de la igualdad la teoría crítica va íntimamente unida al movimiento social reivindicativo. La teoría feminista al irracionalizar las relaciones jerárquicas entre los sexos en multitud de ámbitos ha generado una verdadera revolución epistemológica. Como movimiento social ha transformado no sólo la realidad política, también la sensibilidad social ante determinados fenómenos sexistas.

 
 
 

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