GÉNERO GRAMATICAL

1.  Introducción.

2. Conceptualización diacrónica del género gramatical en la RAE

3. Sobre complejidad del género gramatical

4. Clases de género y su presencia en los sustantivos referidos a personas

5. El género gramatical y la morfología.

5.1. ¿Los morfemas flexivos del género gramatical?

5.2. La semántica en la morfología

5.3. La pragmática en la morfología

6. La tendencia a sexualizar

7. El género gramatical y la concordancia

7.1. Concordancia sintáctica

7.2. Concordancia pragmática

8. Valores semánticos del género gramatical en la gramática oracional

9. El Género gramatical y la pragmática

9.1. Usos del género gramatical masculino no marcado en sustantivos referidos a personas

9.2. La identificación del sexo del referente

9.3. Análisis de un texto

 

 

1. Introducción

Este documento no tiene por objeto un estudio exhaustivo del género gramatical. El propósito es efectuar un análisis, desde las Ciencias del lenguaje, sobre la sexualización (identificación género gramatical / sexo) de esta categoría gramatical en los sustantivos referidos a seres sexuados tanto en los usos de muchos hablantes como en sus reflexiones metalingüísticas explícitas o implícitas, y a las que no son ajenas algunos lingüistas. Destacamos que las Guías y Recomendaciones para un uso no sexista de la lengua son el núcleo de tales (errores lingüísticos).

Esta tendencia a otorgar al género gramatical de los sustantivos referidos a personas que presentan alternancia un valor semántico de sexo  se basa en esta propiedad:

- El género gramatical masculino (M) tiene un doble uso, genérico /neutro, representa el par de elementos, no marcado, y específico marcado.

- En cambio, el femenino (F), es siempre marcado.

Esta situación neutralización del género gramatical masculino se extrapola a la situación de dominio de lo masculino en la sociedad, lo que se traduce en estas consideraciones:

- en la ausencia de las mujeres en el lenguaje;

- en la presencia constante de los varones porque se considera que el género gramatical masculino solo representa varones por la ambigüedad de su doble aspecto marcado, no marcado;

- en que la mayoría de palabras que no presentan alternancia están en masculino y deben flexionar.

 

Con el objetivo de romper este error lingüístico, abordamos el estudio de esta categoría gramatical desde el plano morfológico y sintáctico fundamentando el análisis en el marco epistémico de la gramática oracional. Consideramos, en cambio, que el estudio de su aspecto semántico, y por ende la identificación del referente, requiere ampliar la unidad de análisis y abordar el enunciado desde las disciplinas que se ocupan del uso de la lengua. Desde la Teoría crítica feminista establecemos las consecuencias discriminatorias de estos errores gramaticales.

 

 

2. Conceptualización diacrónica del género gramatical en la RAE

Desde esta perspectiva recogemos las definiciones de esta categoría gramática efectuadas por la RAE.

 

RAE 1771: “Nuestra lengua sólo conoce dos géneros en los nombres, el uno masculino y el otro femenino. El primero conviene a los hombres, y animales machos; y el segundo a las mujeres y animales hembras” ().

 

RAE 1931: «Accidente gramatical que sirve para indicar el sexo de las personas y de los animales y el que se atribuye a las cosas, o bien para indicar que no se les atribuye ninguno».

 

El Esbozo de 1973: “Por el género los nombres sustantivos se dividen en español en femeninos y masculinos” (pág.172) y como criterios para su identificación señala la concordancia con pronombres y artículos; su significación respecto a los sexos en los apelativos de personas. (RAE Esbozo 1973)

 

NGLE 2010: La Nueva gramática de la lengua española adopta esta definición. “Es el género una propiedad gramatical de los sustantivos y de algunos pronombres que incide en la concordancia con los determinantes, los cuantificadores (a veces asimilados a ellos) y los adjetivos o los participios. Las categorías que manifiestan género gramatical reproducen los rasgos de género de los sustantivos o de los pronombres” (NGLE 2.1.1a). Predomina la idea de la concordancia sintáctica en su conceptualización sin embargo introduce precisiones sobre la relación género gramatical sexo: “Con muchos sustantivos que designan seres animados, el género sirve para diferenciar el sexo del referente (gato / gata; niño / niña; presidente / presidenta; alcalde / alcaldesa). En el resto de los casos, el género de los sustantivos es una propiedad gramatical inherente, sin conexión con el sexo” (2.1.2a NGLE 2010).

Cabe señalar, dos aspectos importantes en esta gramática. Uno, que los llamados morfemas de género nunca los clasifica en la categoría de flexivos (aquellos que aportan significación gramatical) sino que usa el término ‘marca’ para referirse a ellos (2.1.4). Y el apartado dedicado a la clase de sustantivos comunes en cuanto al género por ejemplo, jefe, cónyuge, sastre, soprano etc. que muchos de ellos eran considerados masculinos (a este respecto véase los estudios de García Meseguer 1984). No obstante la NGLE muestra vacilaciones al decir: “Pueden ser comunes cacique, jefe, sastre, aunque también se registran los femeninos cacica, jefa, sastra”.

 

Podemos ver que la sexualización académica de esta categoría gramatical ha ido disminuyendo a  medida que el conocimiento lingüístico progresa.

 

 

3. Sobre la complejidad del género gramatical

 

Respecto al aspecto semántico, Bello, en 1847, ya había advertido “que una definición basada en el aporte significativo de sexo solo sería válida para un número reducido de nombres de persona y de animales cuya sexuación interesa señalar como atributo caracterizador del objeto”. Y definió el género como “la clase a que pertenece el sustantivo según la terminación del adjetivo con que se construye, cuando este tiene dos para cada género” (citado por Alcina y Blecua 1989)

 

González Calvo (1979) afirma que “son tres los puntos de vista adoptados para la caracterización del género: el sexual (hoy nadie lo utiliza como criterio único), el gramatical de la concordancia, y el mixto (que distingue el género real o natural del gramatical o arbitrario)”. (….) Y concluye que “se concibe el género como una de las categorías menos lógicas y más desconcertantes”.

 

Roca demuestra la arbitrariedad de esta categoría gramatical:  “Género de ‘genus’ en latín significa clase, tipo, Y los sustantivos son de dos tipos. Masculinos y femeninos según la concordancia. Así pues, es una propiedad gramatical que afecta a las palabras, es un objeto puramente lingüístico, interno a la lengua, se trata de una división arbitraria de los sustantivos en relación a la concordancia”. (2009).

 

El género gramatical no es un universal lingüístico, en cambio, los sexos sí. Este hecho no impide a las lenguas que de él carecen que puedan nombrar, distinguir y clasificar a mujeres y varones. En caso contrario, esas lenguas dejarían de ser.

 

Desde el siglo XIX ya existió un referente polémico (Bello) respecto a la sexualización del género gramatical que fue ¿ignorado?. Y, por otra parte, es una categoría lingüística arbitraria cuya conceptualización no se puede reducir a lo semántico.

 

4. Clases de género y su presencia en los sustantivos referidos a persona

 

Según la NGLE, atendiendo al género, los sustantivos se clasifican en masculinos y femeninos (M / F). Esta propiedad afecta tanto a los sustantivos que designan personas y animales como al resto.

 

El género gramatical en los nombres referidos a personas puede manifestarse por medios diversos:

- ser inherente a la palabra por ejemplo, la jirafa, el personaje etc., son los denominados epicenos cuyo género gramatical es independiente del sexo al que se refiere;

- los heterónimos, madre – padre, esto es lexemas diferentes para cada género gramatical;

- atendiendo a la terminación, alumno – alumna; abad – abadesa (ver 4.1)

- por moción del artículo, en el caso de considerarlo un morfema discontinuo, por ejemplo, el burócrata, la testigo, el amante etc. son los vocablos comunes en cuanto al género.

 

El común no es un tercer género gramatical es una situación léxica Se denominan palabras de género común aquellas (sustantivos, adjetivos etc.) que no experimentan cambios morfológicos y el género queda reflejado en los determinantes o la concordancia con los adjetivos. Es interesante observar como en estos grupos de palabras análogas en cuanto al étimo o a la terminación, hay alguna desviación en el uso (ver 4.2).

 

Las manifestaciones del género gramatical en las palabras referidas a personas  son diversas, no siempre la terminación –o corresponde al masculino y la terminación –a al femenino.

 

5. El género gramatical y la morfología

Una de las líneas (como hemos señalado en el apartado anterior) adoptada para la determinación del género del nombre apela a la terminación del vocablo, a lo que se suele denominar morfema de género, de cuyo estudio se ocupa la morfología.

 

La morfología se ocupa de la estructura de las palabras, las variantes que estas presentan y el papel gramatical que desempeña cada segmento en relación con los demás elementos que las componen. Se suele dividir en dos grandes ramas: la morfología flexiva y la morfología léxica” (1.3 NGLE 2010)

 

“Estudia la morfología flexiva las variaciones de las palabras que implican cambios de contenido de naturaleza gramatical con consecuencias en las relaciones sintácticas, como en la concordancia. Las informaciones flexivas tienen consecuencias sintácticas. Así, mediante la concordancia se reiteran ciertas propiedades gramaticales de las palabras en varios lugares de la cadena lingüística”. (1.3.1 NGLE 2010).

 

 

5.1. ¿Los morfemas flexivos del género gramatical?

Es una idea generalizada que los sustantivos poseen morfema flexivo de género y que estos corresponden  a:

- o, – e  o morfema cero para el masculino

- a, – esa, - isa, - triz y otros ‘incrementos’ o sufijos etc. para el femenino

 

Los estudios sobre de la morfología del género gramatical cuestionan:

-  que la generalización de los morfemas arriba indicados pueda considerarse un criterio suficiente para su generalización. Dicho de otro modo, que tal idea se aplique a la mayoría, bien sean palabras referidas a seres sexuados (animales o personas) o al resto de sustantivos y, en consecuencia, se constituya en regla.  A este respecto, dice Roca (2013) “Las ecuaciones -o = M y -a = F de hecho frecuentemente propuestas en la bibliografía carecen, pues, de fundamento empírico. Ciertamente existe una tendencia en este sentido: hay más sustantivos M terminados en -o que en -a, y lo opuesto para F. Pero las tendencias son recuentos estadísticos, no leyes. (….) el portador del género (M o F) es la palabra entera o el sufijo pleno que la finaliza , no su desinencia”.

 

- y  que el morfema de género sea tal “El género se manifiesta en ocasiones en algunas marcas formales explícitas, como las terminaciones de los sustantivos (§ 2.1.2c) en casos como hij-o, jef-a, juez-a, leon-a, abad-esa, sacerdot-isa, gall-ina. Tales marcas han sido interpretadas como morfemas de género, es decir, segmentos a los que corresponde la información morfológica relativa al sexo. Con otros sustantivos, en cambio, la terminación carece de contenido, por lo que resulta problemático identificarla como morfema” (2.1.4a NGLE 2010)

 

En efecto, la bibliografía especializada lo denomina  desinencia, fonema, marca, sufijo. Por lo tanto, la terminación –o, -e no aporta significado gramatical. Por ello es incoherente considerar que palabras como por ejemplo intendente, hotentote, barítono, soprano, parricida, poeta, persa… y una larga lista (invitamos a quien esto lea que investigue) tengan un morfema masculino o femenino. Si no aporta significado gramatical ¿por qué hay una tendencia a considerarlos masculinos y a feminizar muchos de estos vocablos? Lo mismo ocurre con aquellos que son considerados con morfema cero como edil, chófer, bedel etc.

 

En conclusión, no se puede aplicar un criterio morfemático donde solo es posible una explicación fonemática: donde se cree ver un morfema hay un fonema porque no hay morfema sin morfo (González Calvo 1991), y según Roca (2005) el mal llamado morfema de género es una desinencia ubicada en el margen derecho de la palabra.

 

5.2. La semántica en la morfología

 Así pues, no es procedente encontrar un morfema de género en términos que están en situación léxica de género gramatical común puesto que carecen de morfema de género. Consideremos la muestra siguiente en la que hay una sexualización androcéntrica de palabras cuyo género gramatical es común al considerarlas masculinas y crear femeninos:

- Sustantivos y adjetivos derivados del participio presente latino cuya terminación es –ante, -ente, -iente presidente, cliente, amante cantante, cliente, delincuente, estudiante, gerente, informante, intendente, manifestante, penitente, presidente, representante, traficante, viajante, vidente, practicante, dibujante, sirviente, dependiente, inocente etc.. Algunas de estas palabras presentan variación en el uso (clienta, presidenta…). Hacemos notar que cuando alguno de estos vocablos actúa como adjetivos concordando en femenino no ofrece variaciones ‘una persona independiente’ ‘una inspección fiscal’

- Palabras acabadas en – ista como periodista, islamista, turista, comunista. Piénsese por qué modista si que ha derivado en modisto.

- Palabras de origen griego o latino formadas por sufijación o composición y que terminan en –a como terapeuta, apóstata  monarca, psicópata ególatra, parricida, psicopata, demócrata, burócrata ¿Por qué no se las ha considerado femeninas a partir del criterio formal de los morfemas –a F, -o M? Es curioso la atribución de género gramatical masculino a ‘poeta’ (cuya etimología nos envía a la primera declinación latina, clasificada como femenina) sobre ella se ha formado poetisa. ¿Ocurrirá lo mismo con aeronauta?

- Fiscal, concejal, nombres de morfema cero, se les atribuye género gramatical masculino y se tiende a formar fiscala, concejala, edila etc. En cambio, los adjetivos  acabados en -al son invariables intelectual, criminal, liberal etc

 

Es decir, cuando se atribuye el género gramatical a una palabra que es común o epiceno no se sigue un criterio morfológico sino que es un pensamiento androcéntrico el que hace ‘ver’ varones tras los vocablos y de este modo se cree que las palabras son de género gramatical masculino.

En este sentido, cuando se crea un par léxico (M / F) a partir de una palabra de género común o que es un epiceno, se refuerza la idea de que no solo las palabras que designan profesiones o cargos, tradicionalmente ejercidos por varones, sino muchas del léxico habitual (Joven / Jóvena, Miembro /Miembra etc.) están en género gramatical masculino. Esta duplicación refuerza el pensamiento androcéntrico.

 

5.3. La pragmática en la morfología

 

¿Cómo se atribuye el género gramatical a las palabras? ¿La explicación morfemática que se realiza en los nombres es independiente de su significado? Dicho en otros términos ¿el significante, cuestión arbitraria, es condicionado por el significado? La falsa idea de la identificación género gramatical / sexo está en la base de esta cuestión.

 

Como hemos visto  se atribuye  género gramatical masculino a palabras que generalmente se han usado para referirse a varones. Dicho de otro modo, aquellos vocablos cuyo campo semántico refiere el espacio público son considerados de género gramatical masculino independientemente de que sean comunes o epicenos. Esta concepción no es nueva, ya hemos visto como las gramáticas privilegiaron la semantización del género gramatical. Hecho en el que también incidieron los diccionarios.

 

García Meseguer (1976) ya hizo una crítica a este respecto  señalando incongruencias en el DRAE (1970) que asignaba el género gramatical masculino a palabras como moralista, jurista, profeta, colega, bocazas, concertista, gimnasta etc.

Forgas Berdet (1999) en su análisis del Diccionario de la Lengua Española de la RAE, de 1992  “se evidencia la huella ideológica, incluso en los apartados como el gramatical en los que no se espera que ofrezcan posibilidades para que aflore la ideología. Después del lema e inmediatamente contigua a él aparece la información gramatical, mediante la cual el diccionario adscribe cada palabra a una u otra tipología morfológica: palabra con flexión de género” En este diccionario hay ciento treinta y cinco entradas, como analista, alfombrista, fiscal, picapleitos y transportista, que continúan calificados exclusivamente como masculinos. La última edición del diccionario de la RAE ha modificado muchas de las incongruencias gramaticales.

 

El significado del signo lingüístico apela a un concepto, a una idea mental, no incluye el referente. Sin embargo, en las consideraciones más arriba expuestas este hecho aparece implícito. La identificación del referente se estudia en el uso del lenguaje, no es una propiedad gramatical, pertenece al campo de la semántica.  

 

De este modo, se confunde la ocupación del referente con el supuesto morfema de género. Si las palabras analizadas en 4.2 fueran de género gramatical masculino esta regla sería extensiva por el principio de analogía a la mayoría de palabras que tienen tales terminaciones. Hecho que no ocurre por ejemplo en intelectual, paciente, cónyuge etc. Se está confundiendo como ya hemos señalado el supuesto morfema de género, la terminación, que tiene un carácter arbitrario, con el significado.

 

Lo mismo ocurre en palabras con género gramatical inherente como miembro que debido a la sexualización androcéntrica del género gramatical ha producido ‘miembra’, hecho que no ocurre con el mismo tipo de palabras cuya desinencia es –a como policía, profesión tradicionalmente ejercida por varones. Cabría preguntarse por qué no ha surgido ‘policío’ y otras semejantes.

 

Con la entrada de las mujeres en el espacio público, con la ocupación de palabras que eran de uso exclusivo para varones se re-produce la consideración de que el significado de las palabras está en su forma y se tiende a reivindicar un referente femenino, que es una cuestión semántica, de uso de la lengua, mediante una propiedad gramatical, el supuesto morfema flexivo. Dicho de otro modo, lo que se propone al feminizar es crear un nuevo significante en lugar de ocupar el significado y de este modo eliminar la carga androcéntrica.

Así, el problema no estriba tanto en crear ‘portavoza’ sino en considerar que tal vocablo es de género gramatical masculino. A ello han contribuido las Guías y Recomendaciones para un uso no sexista de la lengua.

 

6. La tendencia a sexualizar

La sexualización del género gramatical ha estado presente en las conceptualizaciones que de esta categoría elaboraron las gramáticas y cuya evolución ha disminuido pero sigue presente.

Asimismo, el DRAE utilizó criterios ideológicos en la asignación del género gramatical en muchas de sus entradas, hecho que también ha disminuido aunque sigue presente cuando asigna a la palabra ‘rapsoda’ el masculino (2014). En efecto, la clasificación que han venido realizando gramáticas y diccionarios de los nombres referidos a personas en M / F es más una lista de algunos ‘sucesos de uso’ y de ideología que de rigor lingüístico. Este hecho está sucediendo en aquellos vocablos de terminación única que no tienen género gramatical inherente o que son epicenos y que algunos usos los convierten en masculinos. Así, La NGLE (2010) señala, entre otro muchos, ‘El jefe y la jefa’ pero otros términos como ‘cónyuge, conserje’ etc. acabados también en  –e los considera comunes en cuanto al género.  Las Recomendaciones para un uso no sexista de la lengua apelan a feminizar cualquier vocablo, hecho en el que incurren los hablantes al decir por ejemplo, ídola, portavoza, monstrua etc. .

 

A este respecto el estudio de Buenafuentes de la Mata (2014) en el que hace una comparativa sobre el género gramatical de entradas léxicas en varios diccionarios de la RAE concluye  que “los cambios que se han efectuado en el diccionario académico respecto al género de las voces han sido cuantiosos y de gran calado, (….). Pese algunas incoherencias y ausencias de sistematicidad, estas novedosas modificaciones demuestran claramente la intención de la Academia de que el diccionario usual siga cumpliendo de forma cada vez más eficaz con su función como diccionario de dudas”. Invitamos a su lectura pags. 56 – 60 en http://hdl.handle.net/10045/72080. Si se observa el cuadro la tendencia es a feminizar los términos y sacarlos del género común o del epiceno, es decir, la tendencia a sexualizar el género gramatical.

 

 

7. EL género gramatical y la concordancia

¿La concordancia identifica el referente al que refiere un término en género gramatical masculino o femenino?

 

La concordancia es una propiedad gramatical que se establece entre elementos relacionados sintácticamente. “La concordancia sintáctica no está restringida al género. Afecta también al número, al sujeto con el verbo y su razón de ser es lingüística, responde al principio de economía de la lengua” (2.1.1a NGLE).

 

7.1 Concordancia sintáctica

La gramática oracional distingue en el sustantivo entre la concordancia sintáctica y la concordancia ‘ad sensum’ o semántica. La primera es la que establece el sustantivo con los determinantes, los adjetivos que lo acompañan o los pronombres que lo sustituyen, por ejemplo, ‘Esa foto tan bella ¿Me la regalas?’. Se tiene en cuenta las propiedades formales de la lengua. Mientras que la concordancia ‘ad sensum’ apela al significado del sustantivo y no a su contenido gramatical ‘Toda esa gente, obesos por naturaleza’ ‘La víctima, un anciano, estaba deprimido’.

 

La concordancia sintáctica no muestra el referente, entendido como el ente de la realidad extralingüística. Analicemos la frase:

“Los españoles son laboriosos en su hogar”

 

El núcleo de este sintagma es ‘españoles’ y tanto el artículo como el adjetivo concuerdan con él en masculino plural. La frase cumple las propiedades formales de la lengua y tiene significado léxico y gramatical pero no refiere ninguna realidad extralingüística.

 

7.2. Concordancia pragmática

Para  identificar el referente debemos contextualizar la frase, esto es convertirla en un enunciado, situarla en un contexto.

Imaginemos esta situación comunicativa: la médico le dice a su paciente:

 

"Cuando usted enferma es buena paciente".

 

Aquí la  concordancia de la palabra ‘buena’ con ‘paciente’, en género gramatical femenino ambas, no la motiva  ninguna relación sintáctica porque paciente es de género gramatical común.  Es el referente,  le está hablando a María. Es la concordancia pragmática; otro ejemplo, este titular,

 

"Dos inmigrantes sirias detenidas"

 

La concordancia de ‘sirias’ y ‘detenidas’ es inferida de la situación en que se enuncia la frase, no depende ni del determinante ni del sustantivo que carecen de género gramatical implícito.

El alcance de la concordancia, como propiedad formal, se ciñe al ámbito de la frase. En el uso de la lengua, no sigue una norma fija, el núcleo de la concordancia no es  siempre el sustantivo sino la realidad extralingüística, el referente.

 

8. Valores semánticos del género gramatical en la gramática oracional

Nos restringimos al campo del léxico referido a personas. En las palabras en que es posible la conmutación de la desinencia –o, o bien cero, por la desinencia –a u otros incrementos (esa, ina, isa, triz etc.) las gramáticas oracionales asocian en este caso el M a varones o al genérico y el F a las mujeres.

 

En esta asociación subyace  la conceptualización que del signo lingüístico hicieron Odgen y Richard (1923) al introducir en el triángulo semiótico, la cosa o referente (entidad o acontecimiento de la realidad) al que alude el signo. Pero la relación entre el género gramatical y el referente es un fenómeno complejo que no se puede resolver estableciendo una relación biunívoca entre el género gramatical y el sexo del referente, Y cuyas teorías subyacentes carecen de base científica como la consideración de la lengua como un sistema especular; o la comunicación como un simple proceso de codificación y descodificación, hecho que ya hemos analizado en Crítica a las recomendaciones desde la lengua.  Y que la cosa o referente solo puede ser conocida en el uso de la lengua, se identifica con el análisis pragmático.

 

La NGLE (2.1.3.a) dedica un apartado al masculino en su calidad de género gramatical no marcado o genérico en el que introduce criterios semánticos.

 

Como hemos tratado de mostrar el significado de una palabra en masculino o femenino no depende de sí misma, se halla en un conjunto (el texto y el contexto) y adquiere el significado y el sentido por su relación con los demás elementos. La explicación del significado –del sexo del referente de un discurso- es una acción negociada, es el resultado del uso del lenguaje en ámbitos sociales, es la teoría pragmática del significado.

 

9. El Género gramatical y la pragmática

La ciencia se ha caracterizado por el ‘reduccionismo’, es decir, estudia sus objetos haciendo abstracción de lo que considera irrelevante. Esta ‘idealización’ del objeto ha permitido el avance científico en todas las áreas de conocimiento y también en las ciencias del lenguaje (Bernárdez). Este marco epistemológico está en la base del estructuralismo en el que los fenómenos de la realidad están formados por elementos simples, fácilmente observables, y por un número de relaciones limitado.

 

Ahora bien, tal abstracción impide la explicación de fenómenos lingüísticos complejos en los que es necesario tener en cuenta otras variables. De este modo, como señala (Fuentes Rodríguez 2009) se establecen separaciones entre las disciplinas, gramática, semántica, pragmática etc. que impiden la sistematización de ´valores discursivos o pragmáticos’.

 

 

9.1. Usos del género gramatical masculino no marcado en sustantivos referidos a personas.

Analizamos a continuación el género gramatical masculino en su valor de no marcado y los valores semánticos que adquiere en el uso, desde una consideración pragmática (Catalá Gonzálvez y García Pascual 1995):

A.  Referirse a un concepto: “Vuelve a ser un niño cuando quieras” publicidad de cine (EL País Febrero, 2017).

B. Representar la función. “El Consejo de Transparencia pide que las agendas de los altos cargos sean públicas” (13 de diciembre de 2016)

C. Nombrar la clase. “Los congresos del fin de semana muestran los problemas para que los militantes participen en la toma de decisiones” (El País, 14 de febrero de 2017).

D. Aludir a un agente del que no conocemos su sexo o no queremos identificarlo puesto que la intención es señalar su rol. “El estrés intenso a mitad del embarazo eleva las probabilidades de tener un hijo autista” (Martes, 8 de enero de 2002)

E. Asignar a un individuo, cualquiera que sea su sexo, la pertenencia a una clase. “Por deseo expreso de Castillejo, hubo mujeres entre los beneficiarios de los programas de la Junta” (Adela Muñoz Páez, El País, 17 Febrero 2017)

F. Mostrar la posición de un individuo, cualquiera que sea su sexo, en un universo de discurso. “Victoria Anna (...) el primer bebé probeta de España cumple 30 años” (RTVE, Julio 2014). A este respecto afirma Roca (2005) que la relación entre los elementos no está sujeta a concordancia estructural y que existen motivos semánticos para evitar una concordancia sintáctica, relacionados con el  ámbito de referencia. La NGLE señala que no son anómalas expresiones como “su último hijo ha sido una niña”. Ante la concordancia sintáctica se impone la coherencia pragmática.

A todo ello, cabe añadir que el género gramatical masculino en su valor de marcado puede tener dos manifestaciones. Una, por necesidad comunicativa de duplicar “profesores y profesoras se reparten casi al 50% las clases en todo el arco educativo, desde la formación profesional a la preuniversitaria” (El País 20 de mayo de 2017). Y otra, porque el masculino no siempre se basta para nombrar varones, es necesaria la especificación. “A los irlandeses no les hago gracia, dice Edna O, Bryan, porque soy una mujer audaz y ellos prefieren a sus escritores masculinos” (EPS 10 de diciembre 2016).

Este análisis pragmático del género gramatical masculino no marcado no busca sustituir el que se realiza desde el sistema lingüístico sino complementarlo: muestra que su valor semántico no está restringido a la identificación del sexo del referente, identifica otros entes de la realidad que aunque no tienen una naturaleza material como un concepto o una función, sí tienen referente en la idea mental que de ellos se tiene. Y, por otra parte, el sexo del referente no siempre está en consonancia con su género gramatical como es el caso de E y F.

 

 

9.2. La identificación del referente.

Se considera que el género gramatical es el único elemento lingüístico responsable de identificar si el referente -- cuando de personas hablamos-- es mujer, varón, o un colectivo mixto. Desde la consideración discursiva de la lengua, en la construcción del sexo del referente intervienen elementos textuales que mantienen una relación de correferencia -entendida como uso de mecanismos lingüísticos que construyen una entidad semántica- y dan coherencia y cohesión al texto; y  elementos contextuales, los cuales relacionan el referente del texto con la realidad extralingüística, lo que implica la adecuación del sujeto del discurso a la situación comunicativa. Como, por ejemplo, pone de relieve esta necrológica:

 

9.3 Análisis de un texto

Vanity, mito erótico de la década de los ochenta

 

Formó con Prince una de las parejas más explosivas del pop

 

El País 23 de febrero de 2016

La volcánica imagen de Vanity cantando el tema Nasty Girl de Prince señaló esa trilogía de música disco, sexo y videoclip que los años ochenta acuñarían como una de las marcas de identidad de la década. Denise Kathrina Mathews, su verdadero nombre, al frente del grupo Vanity 6, una formación de trayectoria efímera, destaca rápidamente en el horizonte de la música pop de aquellos años. Una impactante presencia física —que se adelanta a las futuras Rihanna y Beyoncé— y unas canciones de alto voltaje erótico constituyen su carta de presentación. Descubierta por Prince, el autor de Purple Rain se convierte en una especie de protector, amante y padrino artístico de la cantante destinada a ser el nuevo mito erótico de la música de baile de los años ochenta. La fotografía de Vanity junto a Prince en la portada de la revista Rolling Stone introduciéndole la mano por la cintura del pantalón al cantante los consagra como la pareja más sexi y explosiva del pop. (….)

 

Las palabras que identifican al sujeto de esta necrológica son ‘Vanity’, un nombre artístico (no un patronímico), ‘mito erótico’ (masculino epiceno), ‘una de las parejas’ (femenino epiceno en plural porque engloba a Vanity y a Prince), en las primeras líneas del texto. Ninguna de ellas es un femenino que se corresponda con el sexo del referente. A pesar de ello, inferimos en la lectura que es una cantante. Es nuestro conocimiento del mundo quién participa de la inferencia, no es necesaria ninguna palabra en femenino.

Después es nombrada por su patronímico ‘Denisa Kathrina’, nombre de mujer, una información que viene a confirmar lo que la lectura ha establecido.

A continuación un adjetivo ‘Descubierta’ cuya concordancia en femenino no la motiva la presencia de un sustantivo sino la realidad extralingüística del referente, es una cantante. No es una concordancia sintáctica sino pragmática.

‘La cantante’ un vocablo  en situación léxica de género gramatical común es convertido en femenino por moción del artículo y concuerda sintácticamente con ‘destinada’.

Todos los términos que hemos señalado y que refieren a una persona de sexo femenino mantienen entre sí una relación de correferencia que da cohesión al texto. La construcción semántica que establecen estos términos son coherentes con el objeto de la realidad extralingüística.

 

¿El género gramatical señala el sexo de las personas? Sí, a veces. Sin embargo, conocemos si el referente es varón, mujer o es un colectivo mixto gracias a otros elementos tanto lingüísticos como contextuales.

 

 

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