EL SALTO SEMÁNTICO

      1.Definición de Salto Semántico ​(Álvaro Garcia Meseguer) 

 

El salto semántico es un fenómeno cuyo nombre debemos a Álvaro García Meseguer (1975) “Se incurre en salto semántico cuando un hablante o escritor, emplea un vocablo de género masculino en su sentido genérico y construye sobre él una primera frase cuyo significado conviene a uno y otro sexo; y, más adelante en el mismo contexto, repite el empleo de ese vocablo masculino (de forma explícita o implícita) pero esta vez en su sentido específico, es decir, referido a varón exclusivamente” (García Meseguer 1994). Y este es el ejemplo que utiliza en su explicación

 

   Los ingleses prefieren el té al café. También () prefieren las mujeres rubias a las morenas.

 

Y García Meseguer lo explica de este modo: “la voz ‘ingleses’ experimenta un salto semántico entre la primera frase en la que se refiere a personas  y la segunda (aparece de forma implícita) en la que se refiere a varones” (García Meseguer 1994).

Disentimos de García Meseguer en varias cuestiones. En primer lugar, para saber si el significado de una palabra en género gramatical masculino tiene un uso genérico o específico es necesario recurrir a la información textual y contextual, de tipo pragmático. El contexto nos permite conocer el referente extralingüístico de un discurso. No basta con afirmar que por el co-texto en la primera oración ‘ingleses’ se refiere a personas.

En segundo lugar, este fenómeno no es un salto de significado entre los dos usos del género gramatical, el marcado y el no marcado, sino que es un error anafórico. La anáfora es un mecanismo referencial que establece relaciones semánticas entre dos palabras (o grupos de palabras o elipsis como la del ejemplo) que mantienen una relación de correferencialidad.

Las dos voces ‘ingleses’ del ejemplo deberían tener una relación anafórica y, por tanto, referirse al mismo ente de la realidad lo que no ocurre al restringir el significado del segundo vocablo cuando se añade “las mujeres rubias a las morenas”. El segundo uso de este vocablo tiene un referente distinto: varones heterosexuales (¿las mujeres homosexuales?). Esta discontinuidad de significado viola la cohesión gramatical y semántica.

Así pues el Salto Semántico es un fenómeno sexista de tipo discursivo (Catalá Gonzálvez y García Pascual)

 

 


 

2. Análisis de tres textos con salto semántico

2.1. “La pesadilla del intelectual”

 

Para conocer el referente de un discurso hemos de acudir, en primer lugar, al contexto de enunciación. Este artículo de opinión aparece en el momento del debate sobre el IVA a la creación intelectual, hecho que afecta por ley al conjunto de personas que ejercen este trabajo. Además, se publica en un medio de comunicación cuya finalidad es dar información. El artículo es un género de opinión en el que los argumentos, para que sean válidos, deben estar fundamentados. Por tanto, al leer el título “La pesadilla del intelectual”, el lector no puede interpretar otra cosa que hay un referente universal.

 

La pesadilla del intelectual

Eduardo Haro Tecglen

13 de febrero de 1987

El IVA cayó sobre los intelectuales como una maldición terrible y confusa. El llamado creador tiene una personalidad esquizoide muy marcada: por una parte, una admirable vanidad, a veces soberbia, por la cual (…) cree que su imaginación, su pensamiento, lo que modestamente llaman su talento, está por encima de la media -y, sobre todo, por encima de sus compañeros-; por otra, una desdeñosa actitud para lo práctico. Como si el talento puro ocupase tanto lugar que ya no cupiese nada más. Hay grandes cerebros que no han querido nunca aprender a conducir un automóvil, magníficos escritores para quienes la máquina de escribir sigue siendo un intermediario despreciable. De esta actitud forma parte un peligrosísimo desdén por la técnica. Pero, sobre todo, las cuentas es algo que les desbordan (no así la noción del dinero, aunque sólo sea parte de su soberbia; se paga su talento).

Generalmente (…) suelen tener al lado sufridas y valientes compañeras capaces de estos trabajos subalternos. El intelectual rechazó, en primer lugar, el IVA por algo en lo que no (…) tenía razón: porque no (…) debía descender a la contabilidad, la burocracia, el archivo. El que ha sido capaz de un poco de humildad (…) ha salido adelante de la prueba.

Pero había un tema en el que el creador tenía una razón absoluta. La ideación del IVA es aquella por la cual alguien va añadiendo cargas a la transformación de la materia, y descargando los gastos que ha de hacer para esa transformación. Pero la materia del intelectual está -o estaba- considerada por Hacienda como inmaterial.

Lo que se transforma es nada menos que la vida, y la vida no es desgravable. Conversaciones, aventuras, amores, desgracias, impresiones -y depresiones se transforman en literatura, música, pintura o cine. Lo que es realmente material es el papel y la tinta; en el mejor de los casos, la máquina de escribir, y, en algunos rarísimos, el ordenador.

En suma, es inapreciable, apenas contable. El intelectual debía cobrar a sus empresas el IVA por su trabajo inmaterial, y (…) no podía repercutirlo en nada.  (…) Se metió en facturaciones, asesores fiscales, abogados, libros: (…) se perdió. Sus compañeras les trataban de ayudar; pero estaban también perdidas.

Y, de pronto, los creadores se encontraron convertidos en algo tan :imprevisible como irreal: empresarios de sí mismos.  (…) Tenían que obtener una licencia fiscal, inscribirse como autónomos en la Seguridad Social; el ayuntamiento les exigía el impuesto de radicación porque  (…)  trabajaban en sus domicilios -convertidos así en sedes empresariales- y los caseros podían decirles que su vivienda alquilada ya no era una vivienda, sino una empresa.

Algunos se declararon en huelga. Una huelga de escritores no suele ser cosa que afecte demasiado a un Estado, ni a un ministro de Hacienda. Otros contrataron asesores y contables; se les llevaban parte de sus pequeñas ganancias. Otros, simplemente, se desesperaron, lo (…)  hicieron todo mal; y en estos momentos mismos (…)  están recibiendo conminaciones de Hacienda por sus errores, reales o supuestos; les reclaman documentos antiguos, perdidos, libros contables mal hechos, etiquetas mal adheridas... Y, por cierto, no estaría mal que, ya que la ley no va a tener efecto retroactivo, pudiera pensarse en alguna forma de amnistía para estos tiernos e inocentes pecadores. Por lo menos, de las multas. Todavía (…) viven en la confusión amarga.

La pesadilla se desvanece. Quedan todavía dos trimestres amargos; pero ya se llevan con otra alegría. Algunos dicen que, desde el 30 de julio, (…) podrán escribir,- pintar, componer o filmar mejor; sus compañeros, claro, lo acogen con la duda eterna. Pero el hecho es que una injusticia está a punto de terminar. Lo que no sería conveniente es que el intelectual volviera a replegarse a su personalidad de talento puro. Que no se le olvide esta lección.

 

La primera frase del artículo confirma las hipótesis del título, los intelectuales han recibido mal la obligación de pagar el IVA, hecho, repetimos, que es para todos: mujeres y varones que ejercen este tipo de trabajo. La ley es igual para todos, lo que confirma la universalidad del referente. La referencia es un aspecto de la semántica del discurso, de la regla de la coherencia. “Esta condición de coherencia implica que las proposiciones de un discurso tratan de las mismas personas o de los mismos objetos (Teun van Dijk 2000).

Observemos en el texto cómo se va construyendo ese referente y aquello que se predica de él. Subrayamos todas las palabras que mantienen una relación anafórica, de correferencia, que se refieren al mismo ente de la realidad extralingüística: El intelectual que en España, en 1987 tiene que pagar el IVA. Señalamos entre paréntesis las elipsis (…).

El segundo párrafo dice:  Generalmente (…) suelen tener al lado sufridas y valientes compañeras capaces de estos trabajos subalternos. La relación de correferencia se rompe porque al añadir “sufridas y valientes compañeras” la palabra intelectual tiene como referente a varones heterosexuales y mujeres homosexuales. Ruptura  de referente que se vuelve a producir en “Sus compañeras les trataban de ayudar; pero estaban también perdidas.”

El sexismo de este texto tiene que ver con la forma de expresarse y no con el contenido: aquí no analizamos el contenido. El sexismo lingüístico reside en un error que afecta a la adecuación del texto al contexto, el momento y lugar de la enunciación, determina quién es el intelectual que debe pagar el IVA (1987 en España); asimismo, rompe la coherencia semántica del texto porque el referente se refiere a todos (mujeres y varones) y se rompe esa coherencia cuando se refiere únicamente a varones heterosexuales (¿y a mujeres homosexuales?); y se viola la cohesión léxica y gramatical porque el término ‘intelectual del segundo párrafo no tiene relación de sinonimia con la misma palabra del título; lo mismo ocurre con el posesivo ‘su /sus’ que cambia de referente en el uso de “Sus compañeras les trataban de ayudar”.

Añadimos que en esta circunstancia, 1987 en España, era de uso común entre gente de izquierda usar la palabra ‘compañera’ en lugar de ‘esposa’ o ‘novia’.

El salto semántico no es un fenómeno que se deba analizar entre los dos usos –marcado y no marcado- del género gramatical masculino. Hay que recurrir a los instrumentos del Análisis del Discurso y de la Pragmática

 

 

2.2 "Son ustedes felices"

Se puede aducir que el gg masculino “contribuye” a que se produzca este fenómeno ya que “confunde” la mente del hablante. Por esta razón, se recomienda el uso de términos “neutros” Analizamos a continuación un ejemplo en el que el tema o tópico, presente en el título, carece de género gramatical: ‘ustedes’ y ‘felices’.

 

¿Son ustedes felices?

Miguel García Posada

11 de diciembre 1998

Según un conocido periodista radiofónico, todos éramos felices el día de la victoria de Àlex Corretja. Según otros comentaristas de la actualidad, todos nos sentimos dichosos el día del triunfo mundial -intercontinental- del Real Madrid. Y una comentarista no sólo nos incitaba a la felicidad; nos la transmitía en su transfigurado rostro extático, que le hacía olvidar a uno el ruido y el desamor del mundo. La sucesión de acontecimientos deportivos gloriosos se repite de tal manera que nuestra felicidad, si consideramos las aseveraciones de los periodistas deportivos o aficionados al deporte, ha de ser inmensa, multiplicada, gozosa ad infinitum. Me parece que debemos pedir cierta moderación en el uso del idioma. La felicidad es algo tan personal y tan problemático que debe dejarse a cada cual su administración. No es un bien tan abundante que pueda malgastarse a golpe de raqueta o de pie. Se dirá que los usos verbales que consigno son retóricos, que sólo son una manera de hablar, pero el hecho es que la retórica nunca es inocente: trasluce una mentalidad, un código de valores, una visión de la realidad.

 

Cada uno es dueño de mandar, cuando pueda hacerlo, y ya es poder, en su felicidad. Si el honor, según el clásico, es patrimonio del alma, la felicidad -el derecho a la felicidad, para ser precisos- es un bien hoy mucho más proceloso, que vive a rachas, o no vive, en las galerías de nuestro espíritu. Nadie tiene la facultad de imponernos la felicidad por decreto impreso o radiofónico. Y el caso es que uno no quiere ser feliz con el triunfo de un tenista o de un equipo de fútbol; a lo mejor, otros sí. Pero a buen seguro que los seguidores del Barça no han sido felices con el triunfo del Madrid. Uno quiere ser feliz con lo que uno decida: con la novia, con el gato, con el niño pequeñito, con un buen libro -¿por qué no?-; pero, en cualquier caso, uno no quiere ser feliz con lo que pretendan imponerle los demás: goles, raquetazos, canastas, etcétera. Los políticos ya han renunciado a hacernos felices; algunos periodistas deberían imitarlos.

 

El deporte, que ocupa ya un lugar absolutamente abusivo en nuestra sociedad, más allá del lugar legítimo que le corresponde, sin duda, en cuanto expresión del homo ludens -dimensión ésta no derogable del hombre-, puede a este paso convertirse, si no se ha convertido ya, en una fiera mitológica capaz de deglutirnos a todos. Algunos vamos a comenzar a defendernos militantemente de esta invasión todopoderosa, que rebasa con mucho el sentido común.

 

Pues de ser un instrumento de placer y de lícito ejercicio del homo ludens, el deporte va a terminar siendo, si no lo es ya, un discurso totalitario, abrumador, cuasi teológico: tenemos que ser felices -nada menos que felices- por la irresistible gracia de un afortunado raquetazo, o de un oportuno gol, o de una hermosísima canasta, que en punto a hermosura todo es ya posible.

 

A uno todo esto le parece demasiado, como le parece demasiado el que los futbolistas del Madrid, por el solo hecho de serlo, se encaramen sobre la delicada piedra de la diosa Cibeles en el paseo de Recoletos para saludar, felices, a sus felices seguidores y enseñarles la copa de la felicidad, que exhibieron en el aire de nieve de la noche de diciembre; una exhibición la suya que conjuraba el frío y engendraba el multiplicado orgasmo colectivo. Un novelista caribeño hubiera sospechado de la existencia de sostenidas levitaciones, que hicieron de algunos aficionados criaturas angélicas que sobrevolaban la torre de Correos. ¿Y qué importa, qué puede importar el XVIII racionalista y mesurado al lado de los goles del Madrid, al lado de la copa de los goles de la felicidad, al lado de las tensas levitaciones? Nada, no importa nada, menos que nada. Si no nos subimos todos a la fuente de la Cibeles es que no nos merecemos ser felices. Déjenme ser infeliz, por favor.

 

El autor de este artículo desarrolla una argumentación sobre la felicidad y su relación con el deporte, tema o tópico. Los lectores están representados en el título  por dos palabras ‘ustedes’, pronombre personal de segunda persona, sin género gramatical inherente; y ‘felices’ adjetivo cuyo gg es común. El sentido genérico de la pregunta es indudable, viene dado por la situación comunicativa en que se produce; ese ‘ustedes’ es el destinatario del artículo, somos los lectores de este periódico (estadística: mayoritaria de mujeres). Así pues la adecuación del texto al contexto crea un lector en el que hay mujeres y varones. Ese sujeto genérico queda corroborado desde el primer párrafo con el uso de la primera persona del plural, de carácter inclusivo, el autor y sus lectores: "todos éramos felices el día de la victoria de Alex Corretja", “nuestra” “consideramos” “debemos” etc., son las marcas referenciales del ‘yo’ y el ‘tú’ de la enunciación. El uso de ese ‘nosotros’ el autor pretende involucrar al lector y hacerlo partícipe de una idea que comparte con sus lectores.

 

El uso de términos como “cada cual” o “cada uno” en 3ª persona no se refieren a una única persona, tienen un carácter de ejemplificación genérica, son un procedimiento retórico que actúa como representación de la totalidad.

 

En el segundo párrafo nos dice: "Uno quiere ser feliz con lo que decida: con la novia, con el gato". Ese “uno” debería mantener la misma relación de correferencia con los otros términos. Sin embargo, esa relación queda rota, la nueva información que el autor introduce en el texto no es correferencial con la anterior, se ha producido un salto semántico que ha vulnerado la adecuación: el “ustedes” ya no somos todos; la coherencia del tema, el deporte y la felicidad, afecta a diferentes personas a partir de la mitad del segundo párrafo; y la cohesión léxica y gramatical no se mantiene

 

El salto en el significado, insistimos, no se produce entre dos palabras, entre el uso genérico y el uso específico del masculino. Es un fenómeno discursivo del cual es responsable quien habla, el salto provoca una incoherencia de significado. O dicho de otro modo, es un problema de expresarse "mal" … ¿A quién está hablando García Posada?.

Los varones no han aparecido como tal, están ocultos tras la genericidad, son lo humano, son: ustedes, todos, nosotros, cada cual, uno etc. Las mujeres están sacadas del discurso pretendidamente universal pero no están ausentes: son las novias.

 

2.3. 331 aficionados superan la barrera de los 100 kilómetros en 24 horas

 

Otra de las Recomendaciones para eliminar el sexismo lingüístico es el uso de palabras en femenino como la gente, la humanidad, las personas etc. Veámos este artículo en el que se habla de participantes en una carrera. El primer párrafo habla de quienes superaron la meta. En cambio en el segundo párrafo se informa sobre el grueso de participantes.

 

331 aficionados superan la barrera de los 100 kilómetros en 24 horas

El País, 10 de junio de 1996

Luís Fernando Durán

 

Héroes de un día. Un entusiasta pelotón de 331 personas consiguió este fin de semana acabar la prueba de 100 kilómetros en 24 horas organizada por las revistas Corricolari y Aire Libre. Al trote, caminando, e incluso a gatas, pero entraron en la meta para saborear el éxtasis final tras realizar un camino de ida y vuelta a Colmenar Viejo. La prueba, no competitiva, fue agónica. Trescientas cincuenta personas abandonaron derrumbadas por el cansancio y las ampollas.

La odisea se inició el pasado sábado. Seiscientas ochenta personas se enfrentaban a la mítica distancia de los 100 kilómetros. (…) Llevaban gorras con ventiladores, mochilas, cantimploras y pañuelos en el cuello para afrontar cualquier peripecia. Además (…) disponían de cuatro puntos para repostar y del apoyo de esposas, novias y de medio millar de voluntarios. La mayoría arrancó con calina. "Voy a realizarla andando por completo", decía Esther Lechón, estudiante de 18 años. Otros tenían más prisa. "Vamos a correr hasta el kilómetro 35", decía Isidro Rodríguez, empleado de banca del Club Suanzes-Bikila. Por la tarde, el sol arrugó a los corredores. "Lo peor es el calor que hace", explicaba Jesús Ruiz, un agente comercial de 45 años, mientras se hidrataba en el punto de descanso de Tres Cantos, kilómetro 34.

El infernal camino hacia Colmenar Viejo (kilómetro 50) aturdió a los participantes. "Estaba lleno de piedras y apretaba el sol", resoplaba Rafael, del club Akiles. A su lado, José Luis Rebollo, ingeniero de 62 años, murmuraba: "Esto es de locos". "Más bien colgaos", apuntaban al unísono Vélez, Toto y Pardo, tres árbitros de Aranjuez que esperaban para que les frotara las piernas uno de los 20 masajistas de la escuela de quiromasaje de Madrid. "Un buen masaje les viene bien para continuar", aclaraba el fisioterapeuta Miguel Pertegal.

Los corredores recuperaron el aliento cuando la luna empezó a saludarles. "Hay que aprovechar la noche"., decía Fernando en el kilómetro 68, mientras su esposa, Justi, y los amigos del Club Suanzes les servían agua y pastas. "Sin mí nunca llegaría", bromeaba la mujer a las dos de la madrugada. Los más rápidos durmieron en el polideportivo de San Sebastián de los Reyes para continuar al amanecer. Otros, como Margarita, montañera, y Francisco, bombero de Coslada, caminaron sin cesar día y noche. "Sólo hemos parado media h ora para descansar", decían. En el kilómetro 80, un grupo perdió el rumbo. Inmaculada, documentalista de 34 años, contaba que "se había extraviado por una zona sin señalizar".

El primer corredor acabó a las once de la noche del sábado. Empleó 11 horas porque trotó sin cesar. Le recibieron con una tarta porque era su cumpleaños. Pero el grueso de corredores coincidió entre las diez y las doce de la mañana de ayer domingo.

Y al llegar a la meta se emocionaban: "Somos cojonudos", repetía entre lágrimas Carlos Cabrera, veterinario de 28 años. Para Gerardo Morcillo, la entrada será inolvidable: "La alegría y la satisfacción es inrnensa". No todo eran sonrisas. Juan Pablo Alonso, arquitecto de 33 años, abandonó a falta de cinco kilómetros. "Si seguía me moría. Estoy destrozado".

Ricardo López, un financiero de 31 años, fue el último en acabar la prueba. Entró al límite de tiempo y escoltado por una ambulancia de Cruz Roja. Pero llegó. Y como el resto de andarines acabó reventado y con las plantas de los pies llenas de ampollas. "Me duelen las piernas, pero ha merecido la pena".

Con la patética llegada del último, los organizadores reflexionaban: "Se han retirado los que más han corrido. Andar sin parar es mejor garantía". El año que viene esperan redondear, la cifras. "Seremos mil".

 

La palabra que nombra al conjunto de participantes es “Seiscientas ochenta personas”. El referente es universal –mujeres y varones-, hecho corroborado por la información "Voy a realizarla andando por completo", decía Esther Lechón, estudiante de 18 años” . La coherencia semántica y la cohesión gramatical se rompen al cambiar de referente con “Además (…) disponían de cuatro puntos para repostar y del apoyo de esposas, novias Señalamos, por si no queda claro que el sujeto elíptico de ‘disponían’ es personas.

 

El término ‘persona’, que se recomienda por no tener forma en gg masculino, es el que identifica el referente de la noticia analizada. Las Recomendaciones para un uso no sexista de la lengua consideran que con este tipo de vocablos se elimina el sexismo lingüístico al tener un carácter neutro. ¡Pues no! El sexismo no está en la forma de las palabras, es decir, en el significante, ni en el significado como imagen o concepto mental (Saussure) sino en las representaciones semánticas elaboradas en el discurso y que requieren el concepto de referencia. Es el conocimiento del mundo que comparten enunciador y destinatario al construir su discurso el que crea sexismo lingüístico. Por ello, una de las cuestiones que hay que preguntarse es cómo controlan las creencias el uso del lenguaje (Teun van Dijk 2000). La lengua, el sistema lingüístico, no es sexista, somos los hablantes y el uso que hacemos de ella.

3. Qué es el Salto Semántico (Catalá Gonzálvez y García Pascual)

 

Esta es nuestra conceptualización. El salto semántico es un fenómeno sexista que se da en el uso de la lengua, en un discurso, es independiente de qué se dice,  afecta a la forma de la expresión y produce un error comunicativo. Se origina de la siguiente manera: un hablante construye un referente sobre un colectivo mixto en cuanto al sexo, quien así lo determina es la adecuación del texto al contexto y/o la coherencia y/o la cohesión entre las frases del texto. Ese anclaje en la situación comunicativa y la ligazón entre los enunciados requieren  que el referente construido tenga su reflejo en la realidad (Bernardez, van Dijk) y el mantenimiento de ese referente. El salto semántico aparece cuando se rompe la continuidad de sentido porque la correferencialidad desaparece, o bien porque el referente construido no guarda una relación con la realidad extralingüística.

Se introduce una palabra (o varias) que excluye a las mujeres de forma linguísticamente explícita. Y el enunciado genérico en cuanto al sexo deja de serlo, y se crea uno nuevo que se refiere solo a varones. El salto no se da entre dos palabras en gg masculino, es una ruptura del referente

4. Salto semántico y androcentrismo

 

Hemos demostrado que el salto semántico es un fenómeno sexista de tipo discursivo, frente a la consideración de que su causa radica en el sistema lingüístico, fundamentalmente en la categoría gramatical de género. Y hemos visto también como este error de percepción da lugar a recomendaciones para un uso no sexista de la lengua que resultaban ineficaces.El uso de términos “neutros”, incluso en gg femenino, no impiden los discursos excluyentes. Ni el término ‘ustedes` (“¿Son ustedes felices?” (Miguel García-Posada, El País,11 de diciembre, 1998 / "Patada a la puerta", artículo de B. Levin aparecido en The Times y traducido y publicado por el periódico "El País", 11de Octubre de 1991). Ni la tan recomendada palabra ‘persona’ (“331 aficionados superan la barrera de los 100 kilómetros en 24 horas”, Luis Fernando Duran, El País, 10 de junio de 1996 / “Madurescencia”,Fernando Schwartz, Levante, 7 agosto, 2017. Tampoco ‘gente’ (“Elogio de la rutina”, Ernesto Ayal-Dip, El País, 29 Julio, 2017). Ni siquiera ‘humanidad’ (“Maracas”, Manuel Vicent, 5 de diciembre, 1999) (Ver corpus)

 

¿Cuál es nuestra explicación del salto semántico? Utilizamos como marco interpretativo la crítica del discurso patriarcal de Beauvoir (El segundo sexo, 1977) que denunció que el varón no se plantea a sí mismo como una singularidad sexuada, se concibe como humano, como representación de la especie homo; se solapa, así, lo masculino con lo genéricamente humano. La mujer no es concebida por el patriarcado en relación al sexo masculino sino en relación al hombre-varón convertido en lo humano absoluto. Él es lo Uno, la mujer es “lo Otro”. “Él es el Sujeto, es lo Absoluto: ella es Alteridad”. La mujer es un ser relativo, que no se concibe sin relación al hombre-varón que es la referencia absoluta. Es “el sexo” porque eso es esencialmente para él.  (Ver Marco teórico. Teoría crítica feminista).

 

Pues bien, la apropiación de lo Genérico Humano por parte de los varones y la exclusión de las mujeres, en tanto que sujetos, de los discursos con pretensión universal se manifiesta lingüísticamente en el salto semántico. Frente a la percepción generalizada de las Guías y Recomendaciones, el problema no es tanto la ocultación de las mujeres como las formas de emerger en los discursos. Más que en la ausencia, la ideología sexista se pone de manifiesto en las formas de la presencia. La exclusión de las mujeres en el salto semántico toma la forma de alteridad, no de invisibilidad, aparecen en los discursos universales, pero no en posición de sujeto sino como ‘lo otro’. No hay ocultación, sino exclusión de la posición de sujeto, son relegadas de forma lingüísticamente explícita a una posición relativa (‘compañeras’, ‘novias’, ‘esposas’), no respecto a la condición masculina que no aparece, sino a la clase universal (intelectuales que han de pagar el IVA, ustedes y la felicidad, 331 personas en la prueba de 100 Km). En tanto alteridad no es definida por ella misma sino en relación al hombre-varón, en tanto que colectivo sexual. 

 

El problema del sexismo lingüístico no está en el sistema de la lengua sino en la visión del mundo androcéntrica que comparten los hablantes, la Enciclopedia. Es la posición hegemónica que tienen los varones en la sociedad la que produce que un discurso con una intención comunicativa universal, tenga un enunciado que excluye a las mujeres de esa universalidad, conceptuándolas como lo otro. Considerar, como hacen las GyR, que la situación de neutralización del género gramatical masculino está motivada por el predominio de lo masculino en la sociedad, y, por tanto, que del salto semántico es responsable la categoría gramatical de género es un error lingüístico que no ayuda a resolver el problema de la exclusión de las mujeres.El género gramatical no es un universal lingüístico, lo que no impide a las lenguas que de él carecen que puedan nombrar, distinguir y clasificar a mujeres y varones. En toda lengua se producen fenómenos lingüísticos sexistas similares entre sí, cualquiera que sea su sistema gramatical, incluso con ausencia de la categoría de género (Lakoff, 1981). Y en toda lengua pueden evitarse sin alterar las categorías lingüísticas. En las lenguas de género como la nuestra también.(Ver Marco Teórico. Análisis del Discurso)

 

El cambio en el hecho lingüístico, la emergencia de las mujeres en pie de igualdad en los discursos, se produce en paralelo a las transformaciones en los contextos sociales y culturales, no por alteraciones en el sistema lingüístico. No obstante, la resistencia que ofrecen los discursos androcéntricos hace imprescindible que se denuncie su parcialidad, en este caso su falsa universalidad. ¿Cómo? Invocando la universalidad, no renunciando a ella. Exigiendola universalidad de un sujeto humano sin adscripciones genéricas, un discurso universal neutro en cuanto a los sexos. 

Lo que no se consigue, más bien se obstaculiza, duplicando todo genérico en masculino y femenino, otra de las recomendaciones inadecuadas de las GyR. La sistemática duplicación sustituye lo genéricamente humano, lo común, por el doblete de significantes enmarcados en la identidad de género-sexo. Una especie de suma o complementariedad de perspectivas masculinas y femeninas como si fueran dos formas distintas de ser o estar: dos categorías diferentes entre sí y homogéneas internamente. Se refuerza la diferencia por razón de sexo en todos los ámbitos, como si siempre fuera relevante y se dificulta la emergencia de las mujeres en los discursos como representación de lo universal. (Ver Crítica a las Recomendaciones desde el feminismo). 

 

Nuestras recomendaciones son otras. 

  • Hay que impedir la apropiación de lo genéricamente humano por parte de los varones y restaurar la universalidad. No rechazando los términos que han sido contaminadas por el androcentrismo sino ocupándolas en pie de igualdad.

  • Crear un referente universal en los discursos universales. No utilizar nuevos significantes (sean palabras neutras, de nueva creación o duplicaciones), sino cambiar los significados, ver mujeres detrás de las palabras. Crear un referente que incluya mujeres y varones,una visión inclusiva de la experiencia humana en su totalidad.

 

Un discurso cuya intención comunicativa es un universal --dirigirse a ‘ustedes’, los lectores, hablar de ‘el intelectual’, de ‘331 aficionados’ o de ‘personas’ participantes en la prueba de 100 Km-- que excluye a las mujeres solo se “corrige” devolviéndole al discurso su universalidad. Adecuarlo a la realidad extralingüística a la que alude. La búsqueda de palabras neutras o la duplicación no es una solución factible. Se trata de restituir a las mujeres en su lugar, la clase universal, y sustituir ‘compañeras’, ‘novias’ y esposas’ por ‘parejas’, ‘cónyuges’, ‘consortes’, etc

 
 
 
 
 
 

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