ANÁLISIS DEL DISCURSO

1. Introducción

2. Sobre el objeto de estudio

3. Lingüística textual, análisis del discurso y pragmática

4. Instrumentos de análisis

4.1. La dimensión contextual (Adecuación)

- Enunciador y destinatario

- Relación comunicativa

- Esfera social de la comunicación

- Contexto situacional

- Intención comunicativa

- Procesos cognitivos

- Conocimiento del mundo

4.2. La dimensión textual (Coherencia y cohesión)

- Texto

- Género textual

4.3. La semántica del discurso: El significado y el referente

5. Método de análisis: adecuación, coherencia y cohesión

6. Análisis de un texto

 

1. Introducción

El marco epistémico en el cual hay que situar la relación entre un hecho social, el sexismo, y, por lo tanto extralingüístico, con lo lingüístico exige definir  qué entendemos por sexismo lingüístico: es un uso incorrecto de la lengua que realizan los hablantes en situaciones sociales y que se manifiesta no en lo que dicen (esto es sexismo social) sino en como lo dicen. Véase Qué es sexismo lingüístico.

 

2. Sobre el objeto de estudio

Para identificar el sexismo lingüístico hay que analizar en textos que tratan sobre personas los mecanismos que los hablantes usan para construir de manera discriminatoria el sexo del referente: ocultarlo, devaluarlo, darle una posición que no le corresponde, usurpar la genericidad, etc.

Por lo tanto, el objeto de estudio o unidad de análisis son los textos, y los elementos del contexto en el que se construyen e interpretan. De su estudio se ocupan disciplinas como la lingüística textual, la pragmática y el análisis del discurso. Estas materias tratan del uso de la lengua y nos dan información sobre cómo se organiza un texto, y sobre cómo los elementos contextuales influyen en su composición.

 

3. Lingüística textual, pragmática y análisis del discurso

Las disciplinas que se ocupan del uso de la lengua no tienen unos límites bien definidos, entre ellas hay interacción puesto que comparten, entre otros, conceptos como texto, contexto, uso, interacción, cognición, sociedad.

El objetivo fundamental de la lingüística textual ha sido el de proporcionar una descripción explícita de las estructuras de los textos, las relaciones gramaticales entre las proposiciones (la cohesión) y las relaciones semánticas (la coherencia).

Los discursos no son coherentes en sí mismos es decir sin contexto sino que son coherentes en una situación comunicativa.  De ello se ocupa la pragmática, una disciplina introducida por C. Morris en 1938 que utilizó el término de pragmática por primera vez para designar la ciencia de los signos en relación con sus intérpretes.

Se entiende por pragmática  el estudio de los principios que regulan el uso del lenguaje en la comunicación, es decir, las condiciones que determinan el empleo de enunciados concretos emitidos por hablantes concretos en situaciones comunicativas concretas, y su interpretación por parte del destinatario (Escandell 1993).

Es complejo condensar en una definición qué es el análisis del discurso. Van Dijk (2000) señala sus tres dimensiones principales:

a) el uso del lenguaje;

b) la comunicación de creencias (la cognición);

y c) la interacción en situaciones de índole social.

Estas tres disciplinas constituyen el marco epistémico en el que se fundamenta esta investigación sobre el sexismo lingüístico. De ahí, los instrumentos y el método de análisis.

 

4. Instrumentos de análisis

Para analizar un texto y saber si contiene sexismo lingüístico es necesario conceptualizar los componentes que intervienen en él. El enfoque pragmático ha mostrado que las diversas propiedades del uso de lenguaje tienen también una naturaleza sistemática que se explica a partir de dos dimensiones: las contextuales y las textuales. Ninguno de ellos  se puede entender sin vincularlo a los demás, mantienen una correlación.

 

4.1 La dimensión contextual

Entendemos por  dimensión contextual aquellos mecanismos que, aunque están en la base de lo que se dice, no son verbales.

El enunciador y destinatario remiten a hablantes concretos, que desempeñan en el acto comunicativo roles determinados que dependen de su relación y del ámbito social en que se comunican. Por ejemplo, el mismo individuo puede expresarse en tanto que madre en el ámbito familiar y sus actuaciones verbales no serán las mismas si habla en su trabajo de ejecutivo de una multinacional. El destinatario es siempre el receptor elegido por el enunciador, incluso sin conocerlo prefigura una imagen ideal, es lo Eco (1981) denomina el ‘lector modelo’.

Como sujetos sociales entre ambos hay una relación comunicativa (jerárquica, amigable, de desconfianza etc.) que se revela en la construcción e interpretación del mensaje.

El ámbito de la comunicación es la esfera social en que se produce: académico, interpersonal, familiar, medios de comunicación, jurídico etc. y dependiendo de él el mensaje puede variar, por ejemplo en el registro.

El contexto situacional implica tener en cuenta a los participantes, el momento y el lugar, y esfera social en que se realiza la comunicación. El aquí y el ahora influye en las elecciones lingüísticas y gramaticales del enunciador y son decisivas para su interpretación, especialmente en lo referido a los elementos deícticos: ‘yo, tú, aquí, ahora’ .  El concepto de contexto atañe asimismo a la esfera social, a la que hemos aludido, en que se realiza la acción comunicativa y repercute en lo que se dice, en como se construye el texto.

El acto comunicativo implica una intencionalidad que por parte del enunciador es el principio que le mueve a construir su enunciado. El reconocimiento por parte del destinatario de la intención de su interlocutor constituye un elemento esencial para la correcta interpretación del enunciado. No basta con comprender el significado de los signos, es necesario entender la intención con que fueron elegidos.

La elaboración y recepción del mensaje no es un acto mecánico de descodificación, sino que implica un proceso de construcción y de interpretación. Estos procesos son de carácter cognitivo.

La competencia comunicativa implica unos conocimientos lingüísticos y extralingüísticos. Estos conocimientos conforman un mundo de referencias compartidas por los hablantes, un conjunto articulado de 'saberes' convencionales sobre los que se apoya el uso del lenguaje en la comunicación. Es lo que se denomina la Enciclopedia (Eco 1987) o Conocimiento del mundo. La Enciclopedia posibilita la comunicación sin necesidad de explicitar toda la información. Es un recurso de economía expresiva que ayuda a actualizar tanto los implícitos lingüísticos como los culturales. Hay que señalar que la Enciclopedia no sólo contiene informaciones incluye también creencias, valores, prejuicios, estereotipos... ideología. Recoge una determinada concepción del mundo, la representación interna de la realidad propia de una época y de una cultura. Y, en tanto que es un factor sociocultural, está supeditado a la diversidad cultural y a la movilidad social. La memoria enciclopédica no es exactamente la misma para todos, tampoco es un todo fijo y coherente, puede contener elementos contradictorios como compleja y conflictiva es la propia realidad social. Por ello pueden darse diversos niveles de adhesión a los presupuestos ideológicos de la comunicación y diferentes grados de cooperación en la interpretación de los discursos.

Todos estos elementos se reflejan en el texto por ejemplo en las marcas deícticas, el registro, en la presencia del enunciador, la modalización de su enunciado etc. Esto es, la adecuación: propiedad textual que da cuenta de como se ancla un texto en una situación comunicativa, o sea,  la relación entre un texto y su contexto. Las condiciones de adecuación pueden formularse solo si conocemos la estructura de los actos comunicativos y de los elementos de la dimensión contextual. Esta propiedad la usaremos para el análisis de los textos. Véase en este documento 5.

 

4.2. La dimensión textual

Un texto, al igual que sucede con otros conceptos básicos de lingüística, su definición no es sencilla. Bernárdez (1982) destaca sus tres factores fundamentales:

- Carácter comunicativo: texto como acción

- Carácter pragmático.

- Carácter estructurado: existencia de reglas propias

Y en su definición concluye: el texto “(….) está caracterizado por su cierre semántico y comunicativo, así como por su coherencia profunda y superficial (….) debida a su estructuración mediante dos conjuntos de reglas: las propias del nivel textual y las del sistema de la lengua”.

Los textos se diversifican en una serie de tipos, caracterizados por unas propiedades diferenciales, que han dado lugar al establecimiento de géneros textuales: un cómic, una carta, una entrevista, un informe, una ley etc.

Como podemos observar el texto no es independientemente de su carácter pragmático y comunicativo.

Los instrumentos de análisis son los siguientes. La coherencia es la propiedad que da cuenta del significado global del texto, es decir, de qué habla, qué información da y cómo se organiza esta información.  No es un rasgo que simplemente aparezca en los textos, es un producto de los procesos cognitivos puestos en funcionamiento por los usuarios. La coherencia es reconocible en los mecanismos de cohesión.

 

4.3. La semántica del discurso: El significado y el referente

Consideramos necesario aclarar qué se entiende por significado y qué por referente en este marco epistémico. Dos vertientes necesarias para analizar el sexismo lingüístico, por ejemplo qué significa una palabra en masculino genérico, cuál es la posible ambigüedad del doble uso y cómo se construye el sexo del referente.

Para Saussure, el signo lingüístico tiene dos caras: concepto (o significado) e imagen acústica (o significante). En semántica, Ogden y Richards (1923) ampliaron este esquema al introducir un nuevo elemento en el triángulo semiótico, la cosa o referente (entidad o acontecimiento de la realidad) al que alude el signo.  A lo que Benveniste objetó lo siguiente: “Si el sentido de la frase es la idea que expresa, la referencia de la frase es el estado de cosas que la provoca, la situación de discurso a la que se refiere” (1966 p. 228, 1979)

Se distingue pues:

- la referencia exofórica o deixis que remite a la relación de un elemento del texto con entidades de su entorno inmediato (tiempo, lugar, participantes) o compartido por los interlocutores, esto es, la dimensión contextual.

- y la  endofórica la relación de un elemento del texto con otro mencionado en el propio texto, es decir, en el co-texto.

Desde el marco epistémico del sistema lingüístico, el significado puede analizarse como una propiedad de los signos, a un significante le corresponde un significado de tipo conceptual, una idea mental. Frente a esta concepción el marco epistémico en que nos situamos requiere el concepto de significado pragmático.

El significado de un texto no consiste simplemente en recuperar el significado de cada una de sus palabras sino también en identificar referentes. No basta con entender la idea; hay que saber a qué objetos, hechos o situaciones se refieren. La asignación de referencia constituye, pues, un elemento imprescindible para la adecuada comprensión, y solo la situación comunicativa puede proporcionar los datos necesarios para que el destinatario comprenda perfectamente la realidad a la que se está refiriendo su interlocutor (Escandell 1993).

Benveniste sitúa la semántica más allá del léxico, de los signos lingüísticos pertenecientes al sistema, tiene en cuenta la actuación verbal de los interlocutores, la negociación de significado, el consenso pragmático. Este cambio es relevante porque vincula el referente y el significado al uso, cambio que Wittgenstein realizó en “Investigaciones filosóficas”. El contexto es necesario para una interpretación adecuada. Una misma oración puede representar enunciados distintos, con interpretaciones diferentes y referentes diversos según el contexto en el que se comunica.

Imaginemos este enunciado en tres situaciones comunicativas distintas:

“Ahora los españoles son iguales ante la ley”

a) Durante la dictadura franquista,  dos varones ricos en una conversación informal.

b) Tras aprobarse el sufragio universal gracias a C. Campoamor, leemos esta frase en un periódico de la época.

c) Dos juristas conversan el 6 de diciembre de 1978  del artículo 14 de la Constitución española de 1978.

El referente de ‘españoles’ no es el mismo en cuanto al sexo en los tres enunciados, la idea de igualdad tampoco; el ‘ahora’ tiene diversos significados en las tres situaciones comunicativas.

Asimismo, el co-texto también actúa sobre el significado de un término:

“Dos jóvenes en prisión por alteración del orden público”

dice el titular de un periódico; la interpretación del referente, y por tanto, del significado ‘jóvenes’, se aclara en el cuerpo de la noticia al informar que son varones.

 

5. Método de análisis

En este marco teórico se fundamenta el método de análisis  para saber si un hablante construye enunciados sexistas o no.  Y las herramientas usadas son aquellas que permiten saber si un texto es correcto o no. Un texto se constituye como tal porque es adecuado a la situación comunicativa, es coherente y está cohesionado.

La adecuación es la propiedad según la cual un texto se ancla en una situación comunicativa concreta: los interlocutores, su relación y propósito, los conocimientos del mundo que comparten, el momento y lugar de la comunicación, el género textual, el registro y el ámbito de uso o esfera social en que se produce. Esta dimensión es de carácter contextual y se manifiesta en el texto. Ver punto de este documento 4.1.

La coherencia es una propiedad del texto de carácter pragmático que apela a la unidad de significado. Su carácter pragmático es el resultado de la cooperación (cognitiva) entre enunciador y destinatario en un contexto dado.

El texto como unidad comunicativa ha de tener un núcleo de significado, esto es, el tema, en términos lingüísticos se denomina la macroestructura. El tema o asunto central desarrollado en el texto no en  un agregado de oraciones, sino que organiza la información en partes coherentes cuyo resultado es la estructura textual formal, denominada superestructura. Dicho de otro modo representa la forma como se organiza la información, lo semántico, en el texto. Las relaciones entre las oraciones no son las únicas que definen la coherencia sino más bien las relaciones referenciales. Dicho en otros términos, las relaciones  entre las cosas que las oraciones denotan en el texto (van Dijk 2000) .

La coherencia se muestra en una secuencia de enunciados entre los que se establece una relación reconocible en marcas de cohesión. La cohesión es la expresión léxica y gramatical de la coherencia y se observa en tres tipos de mecanismos lingüísticos: la referencia, la progresión temática y la conexión. Estas propiedades asegura el mantenimiento del referente y de sentido, y por tanto, la coherencia pragmática de un texto.

El sexismo lingüístico se manifiesta en los textos en la ruptura de las propiedades de la que acabamos de hacer una exposición y que validan un texto como una unidad de comunicación. Sin embargo, ¿cómo es posible que enunciador y destinatario se entiendan y asignen una coherencia pragmática a textos con saltos semánticos y otros fenómenos sexistas? Esta cuestión la respondemos con uno de los interrogantes que se formula van Dijk (2000) en sus estudios del discurso es ¿Cómo controlan las creencias el uso del lenguaje?.

Debido a la polémica existente sobre la categoría gramatical de género como presunto factor determinante del sexismo en el lenguaje, hacemos una explicación del mismo en un documento aparte. Ver el género gramatical: recogemos la polémica de los morfólogos, los valores semánticos en el uso, la cuestión de la concordancia pragmática y sintáctica y cuál es su papel en la construcción del sexo del referente.

 

6. Análisis de un texto

Analizamos el texto “Mayoría selecta” desde este marco teórico. El objetivo de este análisis es conocer si el uso del género gramatical masculino tiene un carácter genérico o, por el contrario restringe su campo de aplicación y excluye a las mujeres.

 

 

MAYORÍA SELECTA

Javier Gomá Lanzón,

El País, 12 Enero, 2013

  

Por mucho que el hombre se integre en amplios grupos, subsiste siempre su responsabilidad individual

 
 
 
 
 
 
 
 
 

"Es sencillísimo”, me asegura el dependiente de la tienda de electrodomésticos cuando le pregunto si seré capaz de montarlo yo solo sin asistencia técnica. “La caja contiene las instrucciones, pero en todo caso le aseguro que hasta un idiota sabría hacerlo”, recalca con un mohín de impaciencia. Pero luego en casa, rodeado de piezas y cables que no encajan, dominado por la ansiedad y el mayor de los fastidios, no sólo pierdo la tarde entera sino que, ante la evidencia de mi fracaso, realmente me siento peor que un idiota. Por eso doy la bienvenida más cordial a la revolución introducida por Apple, esos portátiles, tabletas y teléfonos inteligentes cuyo manejo resulta tan intuitivo que, en un golpe genial, hasta las instrucciones sobran. La más avanzada, sofisticada y elegante tecnología puesta al servicio del usuario común. Un acierto semejante corresponde a Ikea o a Zara: diseños modernos y bellos, como los que antes estaban reservados a una minoría exclusiva, pero ahora democratizados a escala global mediante precios económicos al alcance de todos. Constituyen tres ejemplos de buen gusto generalizado y los primeros atisbos de lo que podría llegar a ser una selecta mayoría.

Porque, antes, sólo la minoría podía ser selecta y a ella le pertenecía en propiedad tanto la alta tecnología como la alta costura y todas las restantes alturas de este ancho mundo. El nombre que la minoría privilegiada inventó para designar esa inmensa mayoría fue el de masa. Hay que ver el desdén con que todavía hoy se pronuncia esa palabra, que en la literatura se dice vulgo, de donde viene el concepto contemporáneo de vulgaridad. Para el exquisito de nariz arrugada que contempla la realidad a través de mil mediaciones culturales, como el gran señor lo hace a través de mil sirvientes interpuestos, la mayoría conforma una masa informe, indistinta, grosera, destinada por decreto de la naturaleza a funciones subalternas, siendo la primera de ellas la docilidad a las elites rectoras, y su peor pecado, la rebelión a los egregios (massa damnata). Este elitismo, que divide a la humanidad en dos géneros estancos, ha estado operando desde el origen de los tiempos hasta que, en el pasado siglo, Occidente, por fin, desarrolló un fino sentido para la dignidad inmanente y autónoma de todos los hombres por el hecho de serlo.

Lo dijo el machadiano Juan de Mairena: “Recordad el proverbio de Castilla: ‘Nadie es más que nadie’. Esto quiere decir cuánto es difícil aventajarse a todos, porque, por mucho que un hombre valga, nunca tendrá valor más alto que el de ser hombre”. Haciendo abstracción de los accidentes que nos diferencian, todos somos iguales en lo de verdad importante. Nada hay por encima de la dignidad irrebasable de ser hombre. Aunque la variedad de circunstancias biográficas enriquece lo humano, todos pertenecemos al común de los mortales. Se dice que la muerte todo lo iguala; pero antes que ella, en vida, ya estamos igualados en la condición mortal que compartimos. La experiencia fundamental del vivir y envejecer, que es personalísima y en la que nadie puede sustituirnos, nos nivela de forma definitiva. Nadie posee la llave de la vida y por eso todos enmudecemos por igual ante su devenir enigmático, que no entiende de minorías selectas ni de tutelas de unos sobre otros.

Sentado lo anterior, se entiende que “masa”, esa voz inventada por los moradores de las cimas, suene tan malamente hoy, en esta edad mesetaria. En abril de 1900, cuando las tesis doctorales eran unas docenas de cuartillas bien compuestas y no un centón de datos, un veinteañero Manuel Azaña presentó la suya con el título La responsabilidad de las multitudes. Saliendo al paso de las teorías, entonces en boga, que argüían la disolución del individuo en los actos multitudinarios, víctima de fenómenos psíquicos de embriaguez colectiva como hipnotismo, contagio o sugestión, Azaña recomienda descomponer analíticamente la masa hasta llegar a sus elementos primeros y, al hacerlo, “hállase como factor primitivo”, escribe, “el ser racional, libre a pesar de todas las fuerzas que tienden a contrarrestar las de su voluntad, hombres a quienes en general ni la sugestión ni la tendencia imitativa, etcétera, llegan a modificar igualándolos a los brutos”. Por mucho que el individuo se integre en grupos, donde actúan fuerzas a veces muy poderosas de anulación de la conciencia moral y de regresión psíquica, subsiste siempre en él el coto reservado de su responsabilidad individual de ciudadano. Es decir, que en rigor no existe tal masa sino sólo muchos ciudadanos, mortales y morales, cada uno responsable ante sí mismo y ante los demás.

De modo que el dualismo que durante milenios dividió la humanidad en dos clases de personas diferentes, debe ahora residenciarse en el corazón de cada una de esas personas. La raya decisiva no separa ya como antaño entre el estamento de los hombres ejemplares y el de los hombres vulgares en el seno de una sociedad dada, sino entre decisiones ejemplares y decisiones vulgares en el seno de cada uno de los ciudadanos de dicha sociedad. En lugar de ser dócil a los mejores, la mayoría debe tender por ella misma a lo mejor y tratar de constituirse en mayoría selecta. Apple, Ikea y Zara demuestran que, cuando se democratiza con éxito lo excelente, esa mayoría ciudadana es capaz de apetecerlo tanto como la minoría, salvo que sea totalmente idiota.

Lo que no parece ser el caso porque, por fortuna, nada más igualitario que la inteligencia, al menos según Descartes. Su Discurso del método (1637), esa obra maestra de la literatura, arranca así: “El buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo (le bon sens est la chose du monde la mieux partagée), pues cada cual piensa que posee tan buena provisión de él que aun los más descontentadizos respecto a cualquier otra cosa, no suelen apetecer más del que ya tienen”. Aunque, humm… admito que esta declaración cartesiana de igualitarismo intelectual trasciende un cierto aroma de aristocrática ironía.

 

 

ANÁLISIS MAYORÍA SELECTA

 

El objetivo del análisis lingüístico de este texto, como hemos adelantado más arriba es conocer si el uso del género gramatical masculino tiene un carácter genérico o, por el contrario restringe su campo de aplicación y excluye a las mujeres.

  • Ámbito de uso: medios de comunicación, periodismo escrito. El País 12 Enero, 2013. Este ‘aquí’ y ‘ahora’ remiten a una sociedad cuyo contexto es una democracia de derecho en el que la desigualdad en razón de sexo está presente.

  • Texto con secuencias explicativas y argumentativas. El género textual es un artículo de opinión (la cursiva del título) con un carácter ensayístico que se ve reflejado en los conocimientos del autor (Machado, Azaña, Descartes…), en el tema escogido (grupo/masa, individualidad), en el registro, uso de términos cultos, latinismos etc..

  • Todo ello presupone un lector, con un cierto nivel cultural, interesado en la reflexión sobre los seres humanos en tanto que entes sociales. Como veremos el tema del texto es de interés general por tanto es independiente de intereses asociados a los estereotipos de los géneros sociales.

  • El enunciador del texto aparece de dos modos diferentes: ‘yo’ en la narración de la anécdota inicial. Y ‘nosotros’ (3er párrafo) usado, pocas veces, con un carácter inclusivo. Javier Gomá nos hace partícipe de sus afirmaciones.

 

No obstante, la impersonalidad domina el texto. Característica propia de aquello que se quiere mostrar como producto del conocimiento, rasgo que pretende objetividad.

 

Este contexto presupone un texto en el que se debe hablar del hombre en tanto que persona y no como varón.

Coherencia y cohesión del texto

El tema del texto contrapone una minoría exclusiva que solo tenía acceso a determinados bienes de la sociedad a la revolución democrática que se ha operado al poner al alcance de la mayoría ciertos bienes que no podían poseer  por falta de dinero o por falta de conocimientos. Este logro queda ejemplificado en empresas como Ikea, Zara y Aple de las que son usuarios mujeres y varones.

 

Analizamos a continuación los elementos involucrados en los procedimientos de referencia tanto endofórica como exofórica para conocer en este contexto ¿qué se dice del ser humano? ¿Y qué palabras lo representan?

En primer lugar, el título ‘Mayoría selecta’ es una palabra en femenino cuyo referente encontramos, en primer lugar, en la imagen que lo ilustra: una mujer negra en una tienda de Aple.

El autor parte de una anécdota personal: la democratización del acceso a los bienes de la tecnología, la moda y el mobiliario, del ‘usuario común’ palabra correferenciada por mayoría selecta y la imagen aludida. Tal democratización  la asocia a Aple, Ikea y Zara, tiendas en las que compran varones y mujeres indistintamente.

El ser humano es clasificado en el texto en el segundo párrafo entre lo que se consideraba una ‘minoría exclusiva’ y el resto era ‘masa’. A la primera le pertenecía la alta tecnología (campo semántico que estaba asociado a lo masculino) y la alta costura (asociado a lo femenino).

A continuación argumenta contra dicha clasificación y a favor de la individualidad: la dignidad inmanente de ‘todos los hombres’ palabra que es correferenciada por ‘nadie’, el ‘común de los mortales’ y por un ‘nosotros’ en el que Gomá quiere involucrar al lector, que como hemos señalado tiene un perfil genérico en cuanto a los sexos. Lo que dice de este ‘hombre’ es algo común a la especie humana: el valor más alto es el de ser humano porque compartimos la muerte, la vida, el envejecimiento….

En el párrafo siguiente, una vez sentada la premisa que los hombres poseemos elementos comunes vuelve a argumentar contra el concepto ‘masa’ usando un argumento de autoridad –la cita de Azaña- a favor de la individualidad del ser humano representado por términos como ‘ser racional, individuo, ciudadano, humanidad, personas’ etc. Cabe señalar que en la sociedad en la que vivimos (el aquí y el ahora en que se enuncia el texto) la condición de ciudadanos es una realidad de derecho sin distinción de sexo.

En consecuencia, la división construida antaño sobre los humanos como ‘los mejores y el vulgo’ ha quedado obsoleta por los cambios sociales: la democratización de los conocimientos tecnológicos, el acceso a la moda y al mobiliario. Y concluye que la inteligencia, elemento común a los mortales, según Descartes, puede cambiar esa división elitista y constituir contra la minoría exclusiva una mayoría selecta.

En el párrafo siguiente, una vez sentada la premisa que los hombre poseemos elementos comunes vuelve a argumentar contra el concepto ‘masa’ usando un argumento de autoridad –la cita de Azaña- a favor de descomponer la masa hasta llegar como factor primitivo al ‘ser racional, individuo en el que subsiste la responsabilidad del ciudadano’. Cabe señalar que en la sociedad en la que vivimos (el aquí y el ahora en que se enuncia el texto) la condición de ciudadanos es una realidad de derecho sin distinción de sexo.

En consecuencia, la división de la humanidad construida antaño entre las personas ejemplares y las vulgares debe trasladarse ahora al interior de cada ciudadano entre decisiones ejemplares y vulgares. Y es que, cuando se democratiza lo excelente (Apple, Zara, Ikea), la mayoría ciudadana lo apetece, salvo que sea idiota. Lo que no es el caso, porque, como dijo Descartes con ironía, nada más igualitario que el buen sentido (la inteligencia es coextensiva a la especie) pues cada cual cree que posee buena provisión de él y no suele apetecer más de la que tiene.

Conclusión

En cuanto a la universalidad del sujeto del texto, el ser humano, el análisis realizado muestra:

  • Que es coherente el desarrollo de las ideas y sus relaciones, y el mundo representado por ellas: refiere y significa un ser humano sin distinción de sexos

  • Que la coherencia queda reflejada en la cohesión léxica (campo léxico y semántico de ‘hombre’ en tanto que ser humano. Y en los procedimientos referenciales (anáforas, sinonimia etc.) señalados.

  • Que el texto es adecuado a la situación comunicativa.

 

Todo ello asegura que el tema desarrollado, la macroestructura, reflejado en el desarrollo de la información, superestructura, es coherente. La condición de todo ello es el mantenimiento del referente y la continuidad de sentido.

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